A la hora de plantear la actual situación de la ficción televisiva, marcada por un pasado de oro que, pese a disminuir en cierto modo su valor en los últimos años, sigue manteniendo un nivel más que alto, surgen una serie de nombres esenciales en los que conviene pararse durante unos minutos. Y uno de ellos es, sin lugar alguno para la duda o el debate, David Simon, responsable de alguno de los trabajos más emblemáticos y redondos de la historia de la pequeña pantalla. Y con (amplia) diferencia.

Con seis series a sus espaldas, Simon es toda una institución, un referente para decenas de creadores televisivos que siguen teniendo a muchas de sus obras como influencia directa, más allá de ser espejos evidentes en los que intentar encontrar el reflejo más idóneo. Sin embargo, salvando ilustres excepciones, pocas veces ha encontrado la pequeña pantalla una demostración tan apabullante de la valentía casi egoísta, de la ambición más rotunda y personal, del afán por construir un discurso propio a prueba de ejecutivos, audiencias y productores. Una utopía que Simon convirtió en deslumbrante realidad.

Además, el punto en común en el que se encuentran todas sus obras es el más arriesgado de todos, ya que se trata de observar desde infinita distancia los gustos más asequibles del espectador medio. No, Simon no pone las cosas fáciles, nunca lo ha hecho a lo largo de su carrera y estamos más que seguros de que nunca lo hará. Pero, claro, uno analiza estas seis obras maestras de la ficción televisiva y le queda poco espacio para la queja o el desprecio. Aquí está la carrera de David Simon, de "peor" a mejor. Y hacemos énfasis en las comillas.