La fotografía de Gordon Willis, la música de Nino Rota, la pasión de todo el elenco, la mezcla de sonido, el guion de Mario Puzo y Francis Ford Coppola... Da igual la escena con la que te adentres en 'El padrino', porque encontrarás genialidad en cada una de ellas. Pero eso no significa que no fuera una problemática producción, casi repudiada por su director tras un conflictivo rodaje.

Coppola aceptó a regañadientes dirigir este clásico, impulsado por el inminente hundimiento de su utópica aventura con American Zoetrope, la productora independiente que estableció en San Francisco. Paramount necesitaba a alguien que manejara la jerga italiana para adaptar el best-seller de Puzo, y Coppola terminaría por resignarse y voló a Nueva York para preparar uno de los gigantescos blockbusters de los setenta, que revolucionarían la historia del cine y su entramado de distribución y exhibición.
Después de su estreno se convirtió en un enorme fenómeno, que rompería todos los récords de taquilla. Aunque Coppola consideraba que se había vendido al sistema y decidió aislarse en París durante esta oleada de éxito para finalizar el guion de 'La conversación'. A pesar del boicot continuo que el cineasta vivió por parte del productor Robert Evans, finalmente se implicó también con la secuela, que se puso inmediatamente en marcha. Sobran las razones para denominar como clásico de culto a 'El padrino', por lo que hemos preferido reunir unas cuantas anécdotas para los más curiosos: