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Rigo23

7,7

Digno final, pero se queda corta.

27 jun 2013

Lo prometido es deuda y después de salir extasiado con Man of Steel, ahora les traigo mi crítica de la última y ¿Épica? conclusión del murciélago, comencemos.

Pocas veces en una cinta se puede apreciar con tanta claridad la división entre la introducción, el desarrollo y la conclusión, y en esta ocasión Nolan lo lleva a cabo con una argumento shakesperiano, trágico, dramático, que si bien y como es costumbre no pierde en ningún momento la ilación de los hechos conectando los mencionados actos de forma perfecta, el director si recae en el uso de recursos y herramientas que malogran y desequilibran el nivel narrativo dentro de un mismo film.
En su obra de tres actos, el mayor merito de Nolan es situar al contexto del superhéroe en un argumento dramático, que si bien no brilla como quisiéramos, si deja en claro la potencialidad y el poder que el cineasta y autor tiene sobre su saga al dotarla de una historia compleja, que a pesar de seguir el conflicto de la primera Batman Begins, logra reforzar la fórmula a través del mencionado cuadro dramático centrado en la estructura de sus personajes.
Sin embargo, aunque Nolan persiste en su estilo y visión, crea salidas fáciles, persiguiendo a través de una serie de clichés que parecen detonarse indefinidamente uno tras otro en el acto final, la conclusión feliz. The Dark Knight Rises quizá contenga el tratamiento mas complejo y emocionante del héroe frente a su antagónico en un antológico acto intermedio (el mejor de la saga), pero en su generalidad, es la más débil entrega de este renovado murciélago

PRIMER ACTO: Nolan establece.
Para el consumidor estilo "vengador", el primer acto podría parecer excesivo y de un ritmo lento, pero para el cuento del superhéroe del cineasta esto es necesario y justificado. Han pasado 8 años desde los eventos de The Dark Knight, y Nolan requiere establecer no solo la evolución en sus personajes base, sino también presentar a las nuevas fichas en un juego estratégicamente planeado para su consecuente desenlace.
La construcción del conflicto toma relevancia junto a un drama pocas veces visto en este género y que Nolan ha sabido comulgar de forma excelsa con el mito del murciélago. En este primer acto damos cuenta tanto de la potencialidad actoral como de la debilidad en el mismo rubro, la cual explotará en el último acto con personajes forzados y metidos con calzador. En contraparte al buen contexto dramático que rodean la relación entre Alfred y Wayne, y de la adecuada introducción de los personajes de Selina Kyle y Bane, tenemos a figuras totalmente innecesarias de nombres John Blake y Foley, y el desperdicio de otros como Gordon y Miranda Tate. Pareciera que Nolan quiso darles chamba a todos sus actores fetiche sin pensar en las consecuencias.
Aun así se puede distinguir la obra redonda en un guion que no deja cabo sueltos, que nos avisa cual será el desenlace de cada personaje desde sus inicios, pero que en su afán por la perfección se vuelve desgraciadamente predecible.
También tenemos el abuso del recurso flashback, el cual es notable, no solo sumando minutos redundantes a este primer acto, sino también desmeritando la inteligencia del espectador y el desarrollo del complot por parte de un personaje que se convertirá en la piedra angular en el segundo acto.
Aún con estos obvios fallos, Nolan logra imprimir esa emoción y empatía por el regreso del héroe, en una primera secuencia de acción que sencillamente es memorable gracias al timing hábilmente trabajado por un cineasta pretencioso, perfeccionista y experimentado, que sabe jugar sus fichas, aún cuando algunas de estas sean peones sacrificables sin razón de existir en el tablero.

SEGUNDO ACTO: Nolan asciende.
Estamos ante el acto más trascendente de la saga, que significa el motif de esta cinta y que desarrolla, además del mejor enfrentamiento mental, espiritual y físico del héroe frente a su villano, al personaje mejor estructurado de la saga a pesar de que sus bases de accionar (revelados en el tercer acto) no gusten a muchos.
Este comienza con el mencionado enfrentamiento en una secuencia formidable. La figura de Bane comienza a desarrollarse erigiéndose como el protagónico de este segundo episodio, detonando el conflicto y causando la irrevocable y obligada ascensión de Batman. Es esa primera escena, quizá la mejor lograda de toda la trilogía, donde Nolan asciende, transmitiendo el terror, la ansiedad y desesperanza del protagónico frente al monstruo previamente anunciado (la ausencia de banda sonora y uso del sonido ambiental son fastuosos), una figura imponente y aterradora que sirve como conector en la mitología de la saga, concluyendo el conflicto de Batman Begins como el principal y verdadero archienemigo de la historia.
Uno puede olvidarse fácilmente en este acto de las inútiles inclusiones de varios personajes y sus diálogos forzados, centrando la atención en la agitación del enfrentamiento mental y espiritual entre Batman y Bane, y con el segundo y final choque físico que pone fin al acto.
La producción de la cinta es obligatoriamente fantástica e impresionante (la secuencia del estadio por sí sola lo avala), el cuadro dramático alrededor del nuevo entrenamiento de Wayne se siente fresco, sin embargo parece que a Nolan le urgen unas clases de dirección en secuencias de batallas campales (¿Mel Gibson estará disponible?), pues los policías cayendo como stormtroopers de Star Wars y los golpes falsos a metros de distancia entre reos y la fuerza de la ley al estilo "Los Tres Chiflados" ¡Si se ven! Con todo y que Batman y Bane nuevamente protagonicen una pelea épica cuerpo a cuerpo.
TERCER ACTO: Nolan desciende.
¿Por dónde comenzar? Por la curiosa inclusión de un elemento argumental que simplemente se siente ajeno a toda la trilogía, el cual es la progresión del conflicto final a la luz del día, contrarrestando la figura del llamado "The Dark Knight" ¿Qué es aquello? Nada más y nada menos que un tratamiento pretensioso y muy arriesgado de un cineasta que no supo concluir su saga de manera "épica".
El tercer acto comienza con el giro final, cantado y predecible, la figura de Al Ghul renace en carne de una Marion Cotillard, que no conoce nunca como sostener y justificar su rol como villana, y dando fin a la figura de Bane como un villano trágico impulsado por el amor (Esta tridimensionalidad del personaje, aunque no es mala ni errónea dentro del tratamiento, deja a muchos que desear). Los personajes sacrificables son finalmente... sacrificados, y la serie de clichés comienzan su rienda suelta, comenzando por actuaciones de decesos sencillamente ridículas (Si, de nuevo Marion) y diálogos bobos y forzados (Sí, somos unos tontos ¿Verdad Gatúbela?), para finalmente, y con tumba y estatua incluidas, dar ese toque de final feliz en una mesa anunciada y servida desde el primer acto.
La oscuridad es cambiada por luz; podría decirse que Nolan finalmente optó por arriesgarse y dar un giro no erróneo (el guion es redondo), pero si fuera de su estilo, y lo que es más preocupante, predecible y con elementos actorales y de diálogo ajenos a su calidad narrativa.

Terminamos este tercer acto con algo que si es aberrante y contradictorio. No es el implícito final feliz (muchos percibían muerte y muchos otro vida), sino ese sobrante llamado John "Robin" Blake, que no solo deja abierta la saga aún cuando sabemos que es la última participación de Nolan, sino también significa cierta pérdida de credibilidad autoral (y también de fuerza argumental) a un anunciado e inminente cierre. Un personaje inútil (sus acciones pudieron haber sido logradas por cualquier otro como Gordon, por nombrar un ejemplo) que disminuye la calidad del relato desde su inicio hasta su desgraciada escena final.

Habiendo dicho esto, si me extendí....., pero era necesario, me parece que estamos ante un digno final, que pudo haber trascendido mas mucho mas.

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Crítica Ecartelera
9,0