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3,4

Dramón descafeinado

22 mar 2010

Siempre me ha parecido bastante aberrante que en Estados Unidos tengan que hacer versiones ?americanizadas? de las películas interesantes que se hacen en el resto del planeta?¿por qué no se dedican, simplemente, a estrenarla en sus salas, bien doblándolas al idioma de Shakespeare (que de esto, tendríamos mucho que enseñarle a los gringos?) o bien subtitulándolas? Bueno, aunque la respuesta sea bastante clara (una feroz política a la hora de proteger un negociazo que les reporta billones de dólares cada semana a la industria de Hollywood, con sus protecciones legales incluidas?) no me deja de remover los intestinos. En esta ocasión ha sido un film de Susanne Bier, nombre capital del movimiento cinematográfico ?Dogma? el que ha sido ?reinterpretado? al gusto yanqui. Lo paradójico es que no se ha tirado de un director ?de oficio?, capaz de afrontar cualquier envite sin señalarse como autor, sino precisamente a un director europeo, con muchos elementos que le definen como original y creativo. Porque otra cosa no, pero el irlandés Jim Sheridan nos ha regalado perlas tan interesantes como ?En América?, ?The Boxer? y sobre todo ?En el nombre del padre?. Sheridan bucea aquí en lo más profundo de la sociedad norteamericana, sus valores familiares (y sociales, valga la redundancia), así como los económicos, de una muy sutil y tangencial manera ?cosa que demuestra lo fino que es capaz de hilar este realizador-: un condecorado capitán de los marines es enviado a Afganistán, dejando en casa mujer e hijos. El dramón comienza cuando el ejército de los Estados Unidos da como desaparecido/muerto al héroe de guerra, y su hermano va a intentar ocuparse de su cuñada y sus sobrinos. Y lo hace tan, tan a conciencia?que llega a tomar los roles de nuevo marido/padre a la perfección. Pero entonces llega la verdadera bomba: resulta que el militar dado por muerto, vuelve a aparecer y ahora todos ya no saben donde están o hacia donde van? Como era de esperar en Sheridan, el dominio completo del ritmo de la historia está conseguido, pero a diferencia de su anterior filmografía, capaz de emocionar hasta las piedras, este film no conmueve. Es más, no logra que nos sintamos identificados con ningún personaje, su capacidad de empatía es nula. Quizás por llevar al extremo más furibundo las situaciones más dolorosas que puedan darse en una familia ?la muerte, los desencuentros, el desamor, el rencor, la sospecha, la desconfianza?- y resultar tan, tan grotescas, que pueden llegar a provocar risa. Por supuesto, no estamos hablando de una comedia, pero escuché en el cine más de una risita en los momentos más dramáticos de la historia. Eso no solo delata lo fallido del planteamiento de este ?remake?, sino además su vocación claramente televisiva: a pesar del gran reparto ?Maguire, Portman y Gyllenhaal, realmente esforzados en sus respectivos papeles- y de la factura, parecía que estuviera viendo un telefilme de mediodía de fin de semana que una película con entidad, personalidad y vida propia, que me hiciera reflexionar. Igual es que nos hemos desensibilizado con las historias, y ya casi no nos emocionamos con casi nada, pero en este caso, Susanne Bier consiguió, con su tono de veracidad, casual realización y bajo presupuesto lo que no ha logrado esta versión USA de su historia, esto es, hacer que el público se emocione.

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6,3