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7,8

Digno Esperpento

05 feb 2012

Reconozco casi a mi pesar que salgo sorprendido tras ver esta película. Positívamente sorprendido. Poco podía esperar de una historia que salvo el final (los últimos cinco minutos), el thriller (o como leches se escriba en inglés el avance promocional publicitario) desmenuza íntegra. Prácticamente fulminado el factor sorpresa (aunque milagrosamente yo he llegado al cine sin saber si el personaje de José Mota moría o no), esperaba encontrarme una serie de topicazos encadenados sobre el mundo de la televisión basura y el capitalismo agresivo ante una hipotética muerte en directo retransmitida a lo reality show.
Y efectivamente, eso es lo que he visto. Topicazos, exageraciones llevadas a la caricatura y personajes secundarios totalmente estereotipados (alcaldes corruptos, magnates televisivos podridos, seguratas sin medio dedo de cerebro). Un espectáculo esperpéntico y granguiñolesco, pero generalmente dirigido con mano firme y a ritmo a veces prodigioso, con el equilibrio preciso para hacerte ver que todo es excesivo, sí, pero adrede, que se trata de una gigantesca crítica al sistema, con la mesura suficiente para no caer en el ridículo salvo en contadísimas ocasiones.
La historia crece cuando tenemos al protagonista ya "enclavado" en Cartagena, en la platea del teatro, actor protagonista del espectáculo de su agonía. Antes, en las secuencias previas a la autoinmolación (Santiago Segura y la Wii, la prepotencia de Joaquín Climent, las odiosas secretarias), la caricatura es demasiado fácil, de trazo grueso y poco elaborado.
A lo largo de su carrera Alex de la Iglesia no siempre consigue dominar lo grotesco. El esperpento a veces le sobrepasa y le ha llevado a la cuneta más de una peli (Muertos de Risa, Crimen Ferpecto). Son los peligros de ser desmedido, marca de fábrica de Don Alex que no siempre logra quedarse en la frontera que conduce al ridículo.
El tema de esta Chispa, ya abordado de modo similar en los 50 del siglo pasado por Billy Wilder en su potentísimo y más demoledor aún "Gran Carnaval", aporta como novedad el que aquí es la víctima la que decide tomar las riendas de su propia crucifixión, conocedor de las reglas del mundo publicitario del que ha formado parte en su pasada vida laboral. La posible muerte en directo como solución a todos los males económicos, y en qué mejor escenario que en el de todo un teatro romano, y ante todas las cámaras del mundo.
Y aquí hay que hablar de la interpretación de José Mota. También reconozco que no me gusta este señor. Lo siento, pero ni en su etapa de Cruz y Raya ni ahora en su triunfal carrera en solitario este individuo me hace puñetera gracia, pero aquí hay que quitarse el sombrero. Borda el papel. Está rodeado de estupendos secundarios, casi todos interpretando solvéntemente papeles excesivos o grotescos, y sin embargo ninguno logra hacerle sombra. Quizás el cine esté perdiéndose a un gran actor.
No convence del todo Salma Hayek en algunas ocasiones, o quizás sea el guión que le ha tocado interpretar, verdaderamente imposible en ciertas escenas.
En general, una película digna, con una música estupenda y nada estridente, de ritmo trepidante y pulso firme, sorprendente a pesar de que ya sabes la historia y que consigue levantarte tocado de la butaca cuando termina.
Y esto no todos los buenos directores lo consiguen siempre.
No desvelemos el final para los que aun puedan verla, como yo, sin haberse enterado.

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