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7,5

Crítica de "La forma del agua"

20 feb 2018

-De un buen hechizo nunca se es consciente hasta que termina. Bravo señor director.
-No es la mejor película del año, pero sí una de las más bellas.

Si hay una película que ha cautivado a todo el mundo en 2017 esa ha sido la nueva obra de Guillermo del Toro. Los propios y los extraños han caído bajo el hechizo de su nuevo cuento de hadas, y en la carrera de premios ha conquistado cada gala y cada festival en su camino hacia los Oscar. Recordemos que este último trabajo del cineasta mexicano ha entrado en el selecto grupo de películas con 13 nominaciones a los premios de la Academia, y todo parece indicar que se llevará a casa un buen puñado de caballeros dorados. Sin duda el motivo de tanto revuelo es que Del Toro ha creado otro fascinante mundo de fantasía en el que se mezcla lo poético con lo político, enamorándonos al tiempo que nos hace reflexionar sobre el respeto, la auténtica belleza y el amor como núcleo vital capaz de derribar cualquier muro. Claro, se hace difícil resistir el embrujo.
Una vez dentro del mundo del cineasta no se piensa en nada más ni se cree posible caer fuera de la narración, y mucho menos desear que ocurra. La maravillosa melodía de Alexandre Desplat envuelve las hermosas imágenes de Del Toro, nos sumergimos en esa improbable historia de amor y salvación protagonizada por una aún más improbable princesa muda a la que da vida una arrebatadora Sally Hawkins, la bella. Se llama Elisa, sobrevive a su anodina rutina con una sonrisa permanente, como si fuera un baile coreografiado con precisión, conforme con sus amistades, su baño onanista y las promesas de la televisión. Un día aparece él, el príncipe, entre verde y azul, una criatura submarina (Doug Jones), la bestia apresada. Entonces la coreografía cambia, hay una conexión. Pero un nuevo jefe de seguridad ha llegado tras capturar a la bestia, un tipo siniestro, el verdadero monstruo de la historia, un Michael Shannon de nuevo completamente infravalorado por otra estupenda interpretación. El plantel de personajes importantes lo completan los secundarios, que Del Toro y la guionista Vanessa Taylor (Divergente) constituyen como representación de la diversidad y reivindicación frente a una intolerancia que no es cosa del pasado. Octavia Spencer, Richard Jenkins y Michael Stuhlbarg brillan en sus respectivos papeles.
The Shape of Water es una carta de amor al cine, y en especial al fantástico, universo que ha permitido a Del Toro evolucionar como creador y como persona, convirtiéndose en lo que es hoy. No muchas veces un género y un autor se comprenden y se aportan tanto como ocurre en este caso. Eso no hace menos sorprendente la asombrosa cultura que demuestra el homenaje del cineasta, repleto de referencias lejanas y modernas, populares y selectas. Sin embargo él no se queda ahí, busca el momento de renovar expresiones, de alcanzar zonas poco transitadas y de favorecer con cada detalle una historia más compleja de lo que parece a primera vista. Aún más importante es el modo con el que su película rechaza tabúes absurdos y rompe tópicos validados por anticuado conformismo. Sin ir más lejos, el tratamiento de la sexualidad femenina que se observa es casi insólito, tan natural y romántico, es precioso. Ahí está la grandeza del filme, maravillosamente moderno en muchísimos sentidos, incluso dentro de su aspecto añejo, sus formas parecen futuristas.
Hay personas que son incapaces de ver más allá de su propia sombra, encierran sus valores entre prejuicios y rencores estúpidos hasta arrancarles cualquier virtud. Otros poseen la imaginación de romper barreras, de empatizar con situaciones ajenas a las suyas, de mirar al futuro en vez de anclarse en el pasado, de amar en el sentido más puro. Guillermo del Toro ha realizado la mejor película romántica del año, una fábula irresistible y un sensacional cuento de terror. Una historia clásica de auténtica ternura y franqueza, cautivadora por su armonía entre lo mejor de la artesanía tradicional y lo necesario de una modernidad liberal exenta de aleccionamientos. Todo acaba con un poema: "Incapaz de percibir tu forma, te encuentro a mi alrededor. Tu presencia llena mis ojos con tu amor, pone humilde a mi corazón, porque estás por todas partes".

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'La forma del agua' brilla gracias a la mirada única de Guillermo del Toro y su pasión por el cine
Crítica Ecartelera
8,0