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Lo que la ciencia ficción siempre debió ser

22 abr 2012

Sam Bell es el único trabajador de Lunar Industries con sede en la luna. Su único compañero es GERTY, un ordenador con el que mantiene conversaciones y comparte quehaceres laborales. Su misión consiste en extraer Helio-3, una fuente muy pura y limpia de energía y enviarla hacia la Tierra, con la que no existe una forma de comunicación directa. Su estancia en la Luna dura 3 largos años en los que trabajará y disfrutará de las comodidades de la estación lunar con la única conversación que le proporciona GERTY y algún mensaje enviado desde la tierra de su mujer y su hija, quien nació al poco tiempo de abandonar el planeta azul.

Faltándole dos semanas para poder volver a la tierra ocurre un accidente tras el que quedará inconsciente y, desde ese momento, todo empieza a cambiar. Padece alucinaciones, y la falta de contacto humano empiezan a hacer estragos, incluso la relación con GERTY empieza a hacer aguas.

Esta es la historia que nos cuenta el director Duncan Jones en su primer largometraje, firmando también el guión, y lo hace con un solo actor que lleva todo el peso del metraje, el gran Sam Rockwell (Confesiones de una mente peligrosa, La milla verde) quien, contrariamente a lo que pueda parecer nos hace pasar 97 minutos sobrecogedores, claustrofóbicos y para nada aburridos, con una interpretación que traspasa la pantalla y con el único apoyo de GERTY (la voz de Kevin Spacey en la versión original), que nos hace plantearnos cuestiones de lo más filosófico, acerca de la naturaleza humana y hasta dónde puede aguantar el alma sin los apoyos sociales y sus apegos.

Es una atípica película de ciencia ficción, que retrata de forma dramática la condición humana, la soledad, la compasión, el aislamiento, la identidad propia y todo esto sin hacer uso de alienígenas, espadas láser o guerras interespaciales, lo que hace de ésta cinta una sublime rareza.

Puede que mantenga cierta conexión con la novela Solaris de Stanislaw Lem, es la ciencia ficción como debería de haber sido siempre, sin tan gran dosis de imaginación y aventura y con mucha cordura y humanidad. Es lo más cercano a como se deben de sentir los astronautas que pasan sus días en la estación MIR o metidos en una cápsula espacial, aunque esta vez en soledad, vemos como su alma y su lucidez va cambiando conforme al paso del tiempo para rematar con un final totalmente inesperado y sobrecogedor.

La critica quedó maravilla ante tal trabajo y obtuvo numerosas nominaciones en festivales de cine independiente, en los BAFTA, Sitges o incluso en los Premios Gaudí, ganando varios de ellos. Es original e inesperada, y aunque se inspira en los grandes clásicos del sci-fi como 2001: Odisea en el espacio o Alien, el octavo pasajero, sorprende desde el primer minuto y toma un camino raramente explorado por éste género.

Como nota curiosa el nombre completo de Duncan Jones es Duncan Zowie Haywood Jones, puede que os suene porque su padre es el gran músico y artista David Bowie. Sorprendentemente no utilizó Space Oddity en su banda sonora, hubiera sido la guinda a un trabajo fabuloso.

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'Moon', culto instantáneo
Crítica Ecartelera
7,9