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Aitz

9,8

Seguir respirando, porque mañana volverá a amanecer, y quién sabe qué traerá la marea

02 ago 2013

Una de mis absolutas favoritas de todos los tiempos. Robert Zemeckis tiene varias en su haber que me cautivan visionado tras visionado, y ésta es una de ellas.

Maldeciré siempre a Russel Crow y a Gladiator porque su genial interpretación del esclavo hispano arrebató el Oscar a un Tom Hanks incommesurable que firmó una de sus grandes actuaciones, merecedora igualmente de la estatuilla. Esta arriesgada obra obligó al actor a soportar toda la carga de una superproducción rebosante de alma y de emociones, y demostró que es el gigante de su generación, un espléndido actor capaz de sacrificarse físicamente y de plasmar la perfecta personalidad y actuaciones de un hombre corriente que queda atrapado en medio del mar y lo pierde todo, excepto la vida y el amor.

Tom Hanks es Náufrago, y gracias a él la película funciona como su director pretendía. El trabajo del actor es de 10. No me imagino a otro en el papel, porque dudo que lo haya de tal nivel. Su compañera de reparto, la siempre brillante Helen Hunt no es menos que Tom y prueba que también es una gran actriz. Sobresaliente.
Pero también lo es la dirección del solvente y clásico Zemeckis. Con cada una de sus películas Robert ha firmado obras especiales, nacidas de su puro deseo y de su amor por las historias de cada una. Hay pura implicación y cariño en cada plano y en cada secuencia, y el resultado es tan sólido que las imágenes complementan con tintes de oro un guión magnífico.

Un guión lleno de sentimientos, de conflictos emocionales, y de lucha interior por las esperanzas y la supervivencia. Todo ello reflejado en Hanks.
La esencia de Náufrago no habla de una isla y un moderno Robinson (que entre los más jóvenes pudiera parecer) sino de lo importante que es aferrarse a las cosas que amamos y de levantar la cabeza por encima de un mar de dificultades, para atrapar con la mano todas las esperanzas posibles y atenernos a vivir sea cual sea nuestra situación, porque mañana la marea podrá arrastrar hasta nosotros un destino propicio.

Sólo hay que fijarnos en el "personaje" de Wilson (que no es más que una rama de la personalidad de Chuck Noland) y de la enorme influencia que tiene en nosotros, para darnos cuenta de lo profundo que el film llega a tocarnos. Wilson es el enlace con la cordura (aunque parezca irónico), con lo que nos hace personas, con el apoyo que nuestra debilidad emocional pueda necesitar... Es un amigo. Al perderle Chuck, y también nosotros, nos desmoronamos, porque con él se va todo lo que nos dio esperanza.

Estos momentos de tristeza o de alegría inesperada son adornados por un par de melodías maravillosas de Alan Silvestri, que muy sabiamente sabe respetar el silencio y la casi ausencia de diálogo del resto del metraje para que palpemos la cruda realidad y nos envuelva su sonido ambiente. Si las imágenes y la desgarradora actuación de Hanks hacen que surja un nudo en la garganta, la breve banda sonora de Silvestri -al menos en mi caso- hace brotar las lágrimas sin medida.

El tiempo es impávido y cruel con todos nosotros, sin excepción. Pero es ese tiempo durante el cual se nos da la oportunidad de vivir. Y en esa vida seremos náufragos a la deriva entre alegrías y penurias, más o menos unas que otras, acordadas por el destino o el azar. Está en nuestra mano afrontar esas situaciones como queramos, pero podremos intentar que nuestra cabeza no se hunda en un océano de obstáculos. Siempre podremos elegir apoyarnos en las cosas buenas, en nuestras esperanzas, y seguir respirando. Nunca deberíamos rendirnos, porque mañana amanecerá de nuevo, y tendremos otra oportunidad para sobrevivir.

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'Náufrago': el Zemeckis más extremo
Crítica Ecartelera
8,0