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stanley

7

Precios

10 mar 2010

Todos pagamos precios en este mundo de un modo u otro. Y el film del señor Lee Daniels, lamentablemente también los tiene, para lo bueno y lo malo. Empezaré por lo menos bueno.

Uno de los primeros precios que paga Precious, es la retahíla de gente del establisment (es decir: clase elitista ubicada en el conjunto social, pero de la que tienen poder y control; en una palabra: dinero) que pululan por su metraje. De entrada, su productora ejecutiva es Oprah Winfrey, una señora inflada a dinero, archiconocida presentadora de televisión, productora y empresaria; crítica literaria e inclusive actriz nominada al Oscar por su papel de Sofía en "El color púrpura" de Spielberg, allá por el 1985. Tiene su propia revista ( ¿les suena de algo? Hay cierta tipa en telecinco, por las mañanas, que intenta ser un emulo español de ella, pero se queda en eso, un intento...). Es cierto que Oprah sufrió una infancia difícil e inclusive padeció abusos físicos y psicológicos, teniendo que huir de su casa a la edad de trece años. Poco a poco se ha hecho así misma y, por ello, la aplaudo. Pero eso fue hace mucho tiempo, y creo que el brillo de la dorada moneda borra de un plumazo muchas cosas. Forbes la catalogó como la afroamericana más rica e influyente del pasado siglo, casi nada. En los Oscars fue la responsable de dirigirse en la presentación de los candidatos, a la actriz Gabourey Sibide (honestamente un hallazgo de actriz). Unido a un molesto toque egocéntrico dentro del film, donde Precious la nombra como modelo a seguir. La pasta manda.

La siguiente es Mariah Carey. Diva por antonomasia del mundo de la canción, de padres separados, que según ella, tuvieron que aguantar ataques racistas y otras cosas. Pero la chica se ha resarcido de grande...; no niego que voz siempre ha tenido, pero sus aires pijos, sus excentricidades a lo Paulina Rubio, sus caprichos de niña consentida y demás, la colocan en el podium de las repelentes con dinero. Al verla en Precious, que está correcta en su papel de asistente social, chirrió el hecho, que su director seguro que le dijo: -Mariah, ponte fea y pareciendo normal, que todas las que quieren un Oscar así lo hacen...(como Charlize Theron, Nicole Kidman, Halle Berry, Hilary Swank, etc.)
Lenny Kravits, (la verdad que Daniels ha metido a todos los cantantes que ha pillado en paro u horas bajas...) haciendo de un prescindible personaje de enfermero, que no aporta nada a la historia. Su interpretación light, parecía hecha tras fumar un porrete, dando tumbos por el set algo taciturno.
Es harto molesto, ver como éstas deidades hacen que bajan de su olimpo particular, a intentar palpar lo que siente el pueblo llano. Les encantan las historias de superación, el sueño americano, el saber que hay gente peor que uno mismo (ésa hipocresía auto-reconfortante tan mezquina e inherente al ser humano); la esperanza al final del túnel, reflejada en sueños inalcanzables. Otra de las cosas molestas del film: Precious fantasea con la fama, el éxito, calor popular, lentejuelas, flashes y luces, como redención a todos sus males, con el terrible batacazo que supone despertar. Es un mal que azota a nuestros días, convertido en panacea para los jóvenes, que tanto ha contribuido a vender la televisión y sus shows destructivos.

Pero también posee virtudes y, de ahí, que le otorgue un siete. He vivido y visto situaciones donde la ignorancia es peor que una bomba nuclear. Cierto es, que Precious tiene una suerte de vida: embarazada de su padre, obesa, analfabeta, con una madre violenta, hija con síndrome de Down y alguna cosa más que no descubro. Pero aún pareciendo inverosímil, el día a día en cualquier país, no del mundo, sino del nuestro, posee historias de un cariz muy parecido o peor. Éste es uno de los precios a pagar del capitalismo: sus cloacas, llenas de seres humanos desplazados, declarados chatarra social. He visto como decisiones de dos generaciones anteriores, han influido en la vida de un nieto que ni siquiera ha nacido, condicionando su futuro.
Otro de los precios que paga Precious: la frustración y fracaso de aquéllos que debieran haber sido su modelo básico de formación, tornada en violencia gratuita y sin razón de ser, ante la impotencia de éstos con el mundo, proyectada sobre los que se suponen han de querer, transformando su vida en un infierno, debido al veneno del rencor que recorren sus venas. La amistad, amor y respeto entre hermanos, hijos y padres es sagrada, natural y desinteresada.

Paula Patton representa la profesora de un colegio para intentar recuperar chicos, que se agradece que huya del maniqueo y tópicos del pasado visto en "Mentes peligrosas", centrándose en un modelo actual de convivencia, tolerancia y trabajo por la educación, como piedra angular para afrontar los problemas. En mi experiencia en la docencia, desarrollando un curso de teatro y cine con chicos conflictivos, os puedo asegurar, que entre los alumnos se hallaban chicas cercanas a Precious, convencidas que su sobrepeso, y trabas personales, jamás las harían destacar, víctimas de los complejos impuestos.

Tras ver la película, considero que Mo'nique es justa ganadora del Oscar, por abordar un personaje difícil, valientemente, donde las otras candidatas se lucían menos y en el caso de Penélope, por su desparpajo fugaz y musical de Nine.

Daniels apostó seguro -aún jugándosela con una novata-, al darle el papel a Sibide, que en su enorme figura, sin casi esfuerzo, se atisba una cognición de quien en su día a día real ha tenido que aguantar de todo, debido a su físico. En contra, se le achaca un cierto exceso sensiblero, una inducción a masticarle cosas más de la cuenta al espectador como si fuese bobo o no se percatase lo debido; un metraje algo largo, que estira lo ya visto con anterioridad. Alguna escena fuera de lugar, caso del teatrillo ensoñador de Precious, mientras mira en la televisión la obra maestra de Vittorio de Sica, con Sofía Loren, "Dos mujeres".
En definitiva, el precio que paga, es no ser la obra maestra que pretende, pero de ella se extraen cosas positivas. Y eso, hoy día, es mucho.

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'Precious', hipérbole melodramática
Crítica Ecartelera
7,2