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8,8

Una delicia para los sentidos

11 ago 2007

Está claro que con películas como Toy story, Monstruos S.A, Buscando a Nemo, Los increíbles o Cars, los estudios Pixar son, junto a Dreamworks, la mayor y mejor productora de cine de animación de hoy día.

Al ser adquirida por Disney recientemente, muchos pensaron que Pixar bajaría el listón, sobretodo en cuanto a guiones se refiere, en detrimento de un tipo de película todavía más familiar si cabe, pero Ratatouille sin duda alguna confirma todo lo contrario; si bien las películas de Pixar no contienen la misma acidez que, por ejemplo, la trilogía de Shrek, lo cierto es que hay que sacarse el sombrero ante su nueva producción, sin lugar a dudas una de las mejores y a la vez más maduras obras de animación de los últimos tiempos junto a Los increíbles, mi película favorita de esta productora.

Ratatouille cuenta la historia de Remy, una rata que vive junto a su padre y su hermano en una gran colonia a las afueras de París. Lejos de compatir el apetito voraz de su especie, Remy es todo un sibarita, dotado con un particular don para discernir y combinar todo tipo de gustos y sabores, cosa que le hace sentirse desplazado del resto. Un día, tras infiltrarse en una casa en busca de alimentos frescos, Remy y su hermano descubrirán su refugio, por lo que la colonia al completo deberá emprender la huída por las alcantarillas; pero durante el camino, Remy se separará del resto yendo a parar a París, al restaurante de su chef más admirado, Gusteau, donde conocerá a Linguini, un joven bastante patoso que, gracias a las habilidades de Lemy, se convertirá en un reputado chef.

El director, guionista y productor Brad Bird, que ya ganara un Óscar por Los increíbles, nos brinda la que, por el momento, es la mejor película de animación del año: divertida, tierna, amena, adulta y técnicamente perfecta, Ratatouille no tiene, al menos a mí parecer, ningún handycap aparente.

En un equilibrio perfecto entre el enfoque al público adulto e infantil, Ratatouille es toda una muestra de saber hacer, de cine con mayúsculas, donde los gags se suceden uno tras otro sin enrarecer una trama cuya única moralina es el afán de superación y una quimérica abolición de clases. Y es que Ratatouille cuenta una historia de humildad, de esfuerzo personal y, cómo no, de amistad, en la que Remy se erige como principal protagonista, en detrimento del resto de personajes. Destacar, por eso, a individuos tan carismáticos como Skinner, Anton Ego o el propio Gusteau, que junto a la pareja Remy/Linguini soportan todo el peso de una película que no llega a decaer ni flojear en un sólo segundo de sus 110 minutos de metraje.

En el apartado técnico, decir que Ratatouille posee una animación simplemente extraordinaria, sobretodo en cuanto al detallismo de Remy y los suyos se refiere, y el ambiente en el que éstos se desenvuelven, comida incluída; el único punto negativo, quizá, sea la animación de los personajes humanos, cuya textura se antoja algo irreal en comparación a la versatilidad en los rostros de los roedores y, en especial, su pelaje, que nos deja tan asombrados como en su día lo hiciera el de Sulley en Monstruos S.A.

Pero bueno, eso no es sino buscar tres pies al gato.

Lo cierto es que Ratatouille acaba de ponerme en un difícil compromiso, ya que en los escasos seis meses que llevo escribiendo críticas en este blog, en muy pocas ocasiones me había encontrado con la vicisitud de analizar una película tan incontestablemente perfecta, y me ha hecho ver lo difícil que es criticar de un modo constructivo, al igual que el personaje de Anton Ego, acostumbrado a vilipendiar producciones fácilmente degradables.

En definitiva, una verdadera delicia para los sentidos.

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