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9,5

Disney (y Pixar!) ha vuelto a hacerlo

30 dic 2012

No es cuestión de alardes técnicos. Ni de efectos especiales. Ni de informática avanzada. Es cuestión de imaginación, de creatividad, de agudeza. De Talento, con T mayúscula. Porque desde que John Lasseter comenzara la aventura de Pixar, prácticamente nunca han fallado. Está bien, han utilizado la vanguardia de la infografía, incluso han sido la primera productora del mundo que realizó un largometraje de animación íntegramente con ordenadores (nos referimos, obviamente, a "Toy Story", auspiciada nada más y nada menos que por Steve Jobs, antaño máximo accionista de Pixar). Pero lo más importante, su rasgo más característico, no es precisamente la tecnología. Es currarse a base de bien los guiones, extrayendo la esencia misma del tema que tocan, llegando a los corazones de niños y adultos con ese tema, y estableciendo complicidades de manera muy inteligente. Como toda la parafernalia mecánica de "Cars", el universo de los superhéroes en "Los Increíbles", los peces y mascotas en "Buscando a Nemo" o la delicadeza del mundo gastronómico en "Ratatouille". Siempre aciertan. Y lo hacen porque piensan mucho, muchísimo cada línea de guión. El mayor efecto especial, una buena historia.

En esta ocasión es el mundo de los videojuegos el ecosistema donde gira toda la historia. Un videojuego de 8 bits, de los de las máquinas de las recreativas, sigue estando de moda en la actualidad. Se trata de "ReparaFelix Jr.", en la que Felix Jr. repara un edificio de vecinos de las iras de Rompe Ralph, un malvado forzudo que destroza todo lo que pilla con sus enormes puños. Claro que trabajar incansablemente dando mamporros y siendo odiado por todos los personajes de tu videojuego no es nada agradable, y todavía menos cuando llegas a tu lugar de descanso, que es un estercolero. El pobre Ralph, por muchas terapias que recibe de otros compañeros que hacen de "malos" en sus respectivos videojuegos (desde los fantasmas de "Pac Man" hasta Zangieff de "Street Fighter" o Wario de "SuperMario Bros") está amargado con su trabajo, y decide romper las reglas metiéndose en otra máquina recreativa en la que tendrá que enfundarse en una armadura intergaláctica para matar insectos alienígenas mutantes, algo muchísimo más peligroso que su habitual tarea de destrozar. Claro que esa aventura sólo será el principio...

Toda la película es una oda, una auténtico homenaje al mundo de los píxeles y el entretenimiento, ese del que todos alguna vez hemos disfrutado. Personalmente, adoro los videojuegos desde el inicio y creación de los mismos (aún recuerdo los primeros del ZX spectrum, el Atari, el Commodore, las recreativas de los bares... hasta la Playstation 3, la Xbox, o la WiiU) hasta la actualidad. Soy un habitual consumidor de este tipo de ocio electrónico y quizás por eso la película ha conectado especialmente conmigo, pero de cualquier forma, el trabajo de personajes, la evolución dramática de la historia, el guión mismo, es un prodigio de ingeniería emocional, en la que todo encaja a la perfección cuando y donde debe hacerlo. Es igual que en la tercera parte de "Toy Story": aquí el talento del director y guionista del film, Rich Moore -que ya hizo su master en animación inteligente en "Futurama", una de las mejores series de la historia- hace que disfrutemos de cada fotograma, de cada chiste, de cada trama que está encajada a la perfección en todos nuestros personajes.

Este delirante entorno donde caben muñecas manga, militares sacados de "Call of Duty" o hasta el mismísimo Qbert -te invito a que googlees el nombre y descubras a uno de los personajes más divertidos del mundo de los videojuegos- tiene componentes tanto infantiles, con un despliegue de color y diseño que es capaz de dejar callado a cualquier niño, como adultos, con disquisiciones personajes y filosóficas tan profundas como podamos tener cualquiera en nuestra vida cotidiana. Parece que Pixar le ha cogido el aire a la intención de Disney a la hora de crear cine para todos los públicos, y cada vez afina más el tiro con personajes que encantan a los pequeños y también a los adultos.

No hay un solo pero. No se le puede poner ninguna falta, porque es un producto redondo, tan redondo como todas sus anteriores películas. Pixar lo ha vuelto a hacer, superándose a sí misma y creando un producto realmente bueno, fastuosamente inteligente, aguda e incisivamente humorístico y sobre todo, muy entrañable. El mejor regalo de las navidades en la gran pantalla para grandes y pequeños.

2
8
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