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Aitz

9,6

Bienvenido al peor escaparate de nuestra sociedad

08 ago 2013

David Mills es un detective de homicidios que, quién sabé motivado por qué razones (quizás la necesidad de sentirse realizado como investigador), pide el traslado a una nueva ciudad en la cual se puedan necesitar sus servicios. No podía elegir otro lugar peor, y no podía imaginarse que ésa sería la peor elección de su vida.

"Seven" es visceral. Tanto para recrear los terribles asesinatos de su villano sin pelos en la lengua ni en el objetivo, como para escupir a la cara de nuestra civilización nuestros errores e hipocresías. Su espléndido guión se reserva -además de una valiente sátira social- una infinidad de sorpresas y golpes de efecto para sus personajes y sus espectadores. Es un thriller, puro y duro, que compensa la ausencia de acción con un malestar y una tensión (ayudada por la desesperante e idónea banda sonora de Howard Shore) que parecen querer desembocar en algo terrible, algo que sólo nos será descubierto en sus minutos finales.

Más allá de esa genialidad escrita que define a los personajes y los conduce por una investigación tétrica y macabra, inteligente y desesperanzadora, la escenificación funcionó gracias al talento de David Fincher. El ambiente sucio y oscuro de esta ciudad infernal no podía plasmarse tan bien con palabras como consiguió hacerlo Fincher con sus imágenes sin escrúpulos y su pulso firme. Los sucesos dejan claro qué tipo de lugar es aquel, pero la fotografía y la dirección coronan el aspecto repulsivo del escenario. Lluvia sobre cemento, luces neón, y gente despreciable.
David Fincher es uno de mis directores modelo, y es, sin duda alguna, una de mis mayores influencias allá donde imagino dirigir escenas que pululan en mi mente. Cuando leo libros o veo películas cuya dirección me parece mejorable, siempre intento imaginar mi propia recreación de los hechos, mi manejo de la cámara y mis planos ideales. El talento de Fincher siempre está suscrito en esa imaginativa. Y es que adoro su claridad (aunque lo que se muestre esté sumido en la oscuridad), su estática, su gran planificación de los encuadres sean cuales sean las escenas. Utiliza poco la steadycam y la cámara al hombro, para rodar con firmeza y dar lugar a planos fijos a veces brillantes, que seguramente beben de sus trabajos videocliperos.

La convivencia del duo protagonista, dos personajes genialmente interpretados por Brad Pitt y Morgan Freeman, resulta muy interesante, así como la manera de la que se van conociendo entre sí y aprendiendo a respetarse profesionalmente. Según más van sabiendo de este horrible criminal, también lo hacen el uno del otro. Gwyneth Paltrow se queda en un segundo plano, sin dejar de ser, en cambio, una pieza fundamental en el comportamiento de los dos protagonistas. Su actuación también está a la altura. Y cuando pensamos que el reparto es inmejorable, o que la personalidad del psicópata está ya definida con maestría y terrible originalidad... BOOM! aparece su personificación; nada más y nada menos que el maravilloso Kevin Spacey, que aporta una interpretación capaz de poner los pelos de punta y hacer aún más espeluznante al asesino John Doe.

Es John Doe quien parece querer dar una lección de moralidad a la decadente sociedad occidental, por medio de la ejemplarización de los siete pecados capitales. Y aterrorizados por la crueldad de sus crímenes no podemos sino pensar que es un loco de nivel estratosférico. Entendemos sus críticas, pero es un loco, obviamente. Sin embargo, Doe aparece en escena tras jugar con los detectives a su juego macabro y pone patas arriba todos esos sentimientos. La lógica de sus acciones es irrefutable y las ideas con las que rebate los juicios de los "cuerdos" que lo llaman lunático casi consiguen que nos replanteemos nuestra propia moralidad. No hay justificación para el sufrimiento al que somete a sus víctimas, pero la crítica bestial a nuestro sentido de la "sociedad moderna" hace que nos tambaleemos frente a nuestra televisión.

"Seven" es considerada una de las mejores películas de la historia, y las listas no exajeran. Fincher filma con personalidad y firmeza, sin miedo a mostrar brutalidad y crueldad, con personajes muy realistas que se desenvuelven en otro personaje también muy oscuro y real (la ciudad). Su guión se atreve a cuestionar los cimientos éticos de la civilización representando en estas calles húmedas, sucias y peligrosas la decadencia de nuestro mundo, y sus imágenes pertubadoras harán lo suyo para lograr que cada escena se quede grabada en nuestras retinas, tanto como lo hará su final en nuestra memoria.

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