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9,9

No hay destino si no dejas que lo haya

12 may 2019

Para cuando ví por primera vez T2 (que me dejó mi padre a regañadientes de lo que consideraba mi madre) tenía 11 años, corría el año 1995. Y por supuesto no había visto la primera parte. No tenía idea de qué trataba. Pero me cambió la perspectiva en ese instante.

No sólo me dejó atónita esos efectos que parecían que los había traído Cameron desde el año 2029, sino esa metáfora de humanidad en un organismo cibernético y la antítesis en el evolucionado y bien entrenado personaje de Sarah Connor, como la humana que dejó de sentir casi, y de estar destinada únicamente a evitar el Juicio Final. Evidentemente, si no actúas, las cosas no cambian. Y es por ello el lema "No hay destino, sólo existe lo que nosotros hacemos".

Y en el medio: John Connor, un niño (¿adolescente, mejor? Sí, el fallo de J.Cameron está en esa indeterminación de la linea temporal "presente") que se tiene que rebelar contra todos y todo porque no sabe qué cabida tiene en el mundo: Idolatrado por su madre como "líder de La Resistencia Humana"; ninguneado por su nuevo entorno. Y sin embargo, sensible ante la amenaza que supondrían las predicciones de una madre cada vez más distante. Es por ello que el John adulto del 2029 reprograme a un T800 con la misión no sólo de protegerle a él sino de dar un mensaje de que las máquinas no fueron un invento para aniquilar a la sociedad.

Hoy, 2019, a tan sólo 10 años de esa profética catástrofe, contemplamos, sentimos y aspiramos a que vivir sin máquinas- llámense Terminators o llámense Smartphones- es imposible. No sólo porque nos hace la vida fácil, sino porque en ocasiones, parecen dar vida, a secas.

En T2, además de luchar contra un posible futuro desolador y oculto entre tinieblas, que mantiene escepticos a los demás, sus protagonistas entran en la constante disyuntiva de terminar en el presente a cañonazos contra un problema mayor que no se puede entender por el habitante del presente y ajeno a los designios futuros.

Cuando se trabajan con viajes en el tiempo, siempre solemos valorar lo que tendrá lugar en el futuro, porque es la meta a la que nos dirigimos todos, sin pararnos a pensar por un instante que lo que suceda en 10 años en adelante es futuro pero sin tener esa misma noción para lo que pueda suceder de treinta minutos en adelante. Y cuando, en general, agotamos la premisa de dejar hacer, y dejar llevarnos es cuando luego llegará el momento en que anhelemos el pasado.

Eso lo quiso difundir brillantemente James Cameron con T2. El mal o el camino del éxito como podría transcribirse el hecho que en un futuro los humanos seamos capaces de crear prototipos como un T1000, se transforma en una pesadilla que extermina con el sueño inicial de renovarnos tecnológicamente pero no humanamente.

Y por supuesto, como colofón una de las citas cumbres del cine- en mi humilde opinión- "Ahora ya sé porqué lloráis...pero eso es algo que yo nunca podré hacer", tal como le revela el T800 al joven Connor cuando sabe que su destino acaba en el momento que ha cumplido su misión.

Ójala entendamos que nosotros, como personas, no sólo tenemos una misión en la vida, sino muchas y por mil obstáculos que encuentremos, si nos aferramos a ellas podremos conseguir todo aquello que hemos determinado como "nuestro destino".

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