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3,5

Papá, papá, de mayor quiero ser actor

04 ago 2013

Por muy mediocre que sea este innecesario remake de Karate Kid sirve para demostrarnos una vez más que Will Smith (productor) es uno de los tipos más inteligentes sobre el planeta tierra. Y es que de golpe y plumazo ha convertido a su hijo Jaden en una estrella permitiéndole protagonizar la película en la que a todo niño le gustaría aparecer. Porque The Karate Kid es una película hecha para niños, protagonizada por niños y seguramente escrita y dirigida también por niños.

Que la historia es más predecible que Sheldon Cooper cuando se sientan en su sitio lo sabíamos todos. Por eso para esta nueva versión han intentado introducir en este esquema tan simple todas las variables posibles para alejarla lo máximo del original. Y al final esos cambios resultan lo más acertado de la película. Para empezar la ambientación salta a China y es un autentico placer disfrutar de sus hermosos parajes naturales así como de la tan cacareada Ciudad Prohibida.


El otro gran cambio hace referencia al pasado del personaje de Jackie Chan que no desvelaremos aquí para no reventar la única nota positiva de un guión que seguro no tiene más de 5 páginas. Una vez superado el embrujo asiático lo que sucede ante nuestras pantallas es simplemente bochornoso empezando por su protagonista y terminando por su excesiva duración (140 minutos para una historia que todos sabemos cómo va a terminar, ¿En serio?).

Lo único en lo que estamos de acuerdo Julen y yo es en que el principal problema de The Karate Kid es Jaden Smith. Mini-Will se pasa todo el metraje navegando entre la sobreactuación y el estado catatónico sin ser capaz de encontrar un término medio decente. Y los únicos momentos en los que parece que sabe actuar nos damos cuenta de que lo que realmente está haciendo es imitar las muecas de su padre. Y por supuesto y como todos esperábamos a sus 12 años resulta demasiado pequeño para que nos lo creamos repartiendo a diestro y siniestro.

Aunque tampoco creáis que el chaval tiene demasiadas escenas de acción. Las 2 primeras horas de la película se centran en la adaptación de la familia Parker a Pekín con la consiguiente rivalidad de barrio y la historia de amor romeojulietera tremendamente ridícula a estas alturas. De vez en cuando el director recuerda que la peli va de artes marciales y nos enseña un poco del entrenamiento. Pero hasta eso lo hace mal y cuando ni hemos visto a Smith realizar 3 golpes seguidos ya está en pleno campeonato venciendo a chavales que pesan 30 kilos más que él. Si le das 3 meses más de entrenamiento te conquista China él solito.

El mejor exponente de acción que encontraréis en The Karate Kid es la única escena de lucha que tiene Jackie Chan en toda la trama, realmente lograda y que nos hace ilusionarnos pensando en que el torneo estará igual de bien rodado. Nada de nada. Las luchas sobre el tatami se asemejan más al Gran Torneo de Dragon Ball que a las peleas de la cinta original y un montaje rápido y engañoso impide que veamos luchar realmente a Jaden Smith.

Incluso la excelente Taraji P. Henson (la madre de Benjamin Button) acaba resultando un personaje tan cargante que cada vez que Jaden arroja la chaqueta al suelo nos dan ganas de recogerla nosotros mismos para no oír los insoportables gritos de la señora. El que sale mejor parado es un Jackie Chan que sólo por la novedad de verle en el papel más dramático de su carrera nos parece que trabaja mucho mejor de lo que realmente lo hace. Es imposible hablar mal de un tipo capaz de ponerte ojitos de cordero y de reventar a 10 rivales en 30 segundos. Simplemente imposible

Cuando tienes entre manos una historia sin ningún misterio para el espectador lo mínimo exigible son buenas dosis de entretenimiento y un ritmo adecuado. En el vocabulario del director de The Karate Kid esas palabras no existen y sólo si eres un niño aficionado a los mangas de Son Goku puede que te guste la cinta. Aunque seguramente tampoco. Desde luego los fans del original alejaros como alma que lleva el diablo y si vuestra labor de padres es la que os obliga a ir al cine aseguraros de no haber merendado. Os va a salir el azúcar por las orejas.

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