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El recuerdo que siempre me unirá a ti

19 jul 2008

De pequeño imaginaba historias, con cualquier objeto o cualquier dibujo dejaba volar mi imaginación a mi propio mundo, ese del que sólo yo tenía conocimiento y al que nadie más podía entrar. De vez en cuando me chocaba cuando otro niño imaginaba y veía cosas que yo no podía ver, eran sus historias, las que pretendía compartir conmigo y aquellas que pretendía que yo disfrutase también y entonces hacía un esfuerzo por imaginarlo todo tal y como él lo veía.

Es complicado encontrar a esa persona especial a la que dejar entrar en tu mundo y mucho más complicado el hacer que imagine las mismas cosas que tú sin ningún esfuerzo. Es algo así como la casualidad de las casualidades, como el destino de los destinos conseguir esa conexión única con la otra persona, pero cuando llega es algo que nunca se puede olvidar.

“Un puente hacia Terabithia” es más que una película, es un mágico recuerdo que nos regala aquello que teníamos olvidado tiempo atrás y nos lo rescata como homenaje a nosotros mismos y a lo que fuimos para recordarnos que jamás lo olvidemos.
Me dispuse a ver la película suponiendo muchas cosas, creyendo que iba a encontrar fantasía a raudales, mundos paralelos llenos de colorido, cosas increíbles, una aventura con un final feliz, con malos y buenos… qué equivocado estaba.

Jess es un muchacho incomprendido, raro, tanto en su escuela como en su familia, se dedica a pintar cosas que imagina y muchas veces se distrae y eso le trae consecuencias Un buen día en tu singular vida en la que todo parece ser rutinario y no tener sentido como si estuvieses perdiendo el tiempo, aparece alguien que lo cambia todo, que te arranca de lo cotidiano para darte vida. Ese alguien aparece reflejado en la película por Leslie, una chica simpática, rara e imaginativa como Jess que se muda a la casa de al lado. Conectas con ese alguien, sentís las mismas cosas, imagináis las mismas aventuras, vislumbráis los mismos propósitos, disfrutáis de cada lugar y cada rincón como si fuesen los últimos momentos sobre la Tierra. Pero el tiempo pasa, nuestra vida no está sólo dedicada a ese empeño y en un revés del destino esa magia se pierde y llega el dolor.

Lo que este puente imaginario me ha ofrecido es una historia tan real como la vida misma, un relato que no tiene ni buenos ni malos, donde no hay esos mundos coloridos ni fantasía desbordante. Según pasaban los minutos me acomodaba en el sofá dispuesto a dejarme llevar por una historia sin un propósito claro, donde por primera vez en una película que yo haya visto no hay una trama de la que hacer mención ni sobre la que pensar, en la que es imposible predecir cuál será el siguiente paso precisamente por ese motivo y que lo único que realmente pretende es que volvamos a ser niños, que recordemos a ese ser especial que una vez conocimos y que nos hizo felices, que nunca lo olvidemos y conservemos su recuerdo para ofrecérselo a los demás.

Es entonces, cuando entre las lágrimas de un triste adiós, hacemos cosas imposibles por mantener despiertos esos instantes, para intentar dar las gracias por el tiempo que nos ofreció y que tan bien nos lo hizo pasar. Esa conexión que nunca se romperá es nuestro verdadero puente hacia Terabithia, el recuerdo que siempre me unirá a ti.

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