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8,4

Inevitable

26 may 2019

Vamos a ver.

Vengadores: Endgame ha dejado marca, por si no lo hubieran hecho ya las 21 películas que la anticipaban. Ha sido la reafirmación del Universo Cinematográfico de Marvel como máquina de hacer dinero y como movimiento cultural. Porque le pese a quién le pese, estás películas son un fenómeno. Difícil es encontrar otra saga multimillonaria con tanto éxito, seguimiento y alabanza crítica como la que nos ocupa. Pero si hablamos de esta cinta en concreto podemos ir mucho más allá. Porque es una aventura para el niño que todos llevamos dentro.

Si Infinity War ya suponía el culmen más grande del género hasta el momento, su secuela significa una apoteosis en escala, con un espíritu épico y espectacular que veo difícil que pueda ser superado en el futuro. Por supuesto, queda Marvel para rato(la secuela de Homecoming está a la vuelta de la esquina), pero me da rabia pensar que la última entrega de los Vengadores presenta tan solo un punto y aparte, cuando es todo lo que un cierre redondo debería ser. Y al mismo tiempo resulta ser una pura fiesta cinematográfica. Durante el transcurso de Endgame puedes reirte, confundirte y dar patadas al asiento delantero, pero no hay parte de la trama en la que aburrirse. A pesar de las incoherencias de la trama, que las hay y son muchas, nunca ensombrecen este festival de emociones. Cuando el viaje finaliza uno se encuentra exhausto, triste por haber terminado pero satisfecho al no haber tirado el dinero de la entrada.

Una crítica comprensible a estas películas es su interdependencia, lo que hace parecer menores a las aventuras individuales con respecto a los ambiciosos crossovers. Las pequeñas historias siempre están al servicio de una más grande. De ahí que veamos a Anthony Mackie haciendo un cameo en la Ant-Man o a Robert Downey Jr. jugando un crucial papel en la historia en solitario de Spiderman. Ya vimos cómo todo esto adelantó en su tiempo un evento como fue Los Vengadores, hasta después alcanzar la cumbre en Infinity War y ahora alzarse al cielo con Endgame. Es cierto que este concepto puede afectar a la valoración independiente de un largometraje, pero no puedo ser del todo imparcial ya que es algo que juega a favor de la cinta en cuestión.

En Endgame todo es sobre el gran alcance de la historia y es inevitable el enorme calado que ha dejado sobre aquellos espectadores comprometidos con estos superhéroes desde el estreno de Iron Man. Ahora Marvel Studios domina el mercado y es común que la franquicia presente una media de tres estrenos anuales. Infinity War era la consagración de este impacto, una película que prescindia de miramientos y pasaba directamente a la acción, poniendo en segundo plano el desarrollo de los personajes. La principal diferencia de su secuela reside ahí. Endgame precisa de tiempo de sobra para que los protagonistas brillen en pantalla como es debido, otorgándonos un primer tercio sorprendente y muy diferente al acelerado ritmo al que Marvel nos ha malacostumbrado. Durante sus tres horas de duración y a pesar de la convulsa y caótica trama, estos héroes siempre permanecen como el centro y motor del conjunto.


Ojo de Halcón, Viuda Negra y Capitán América compensan con momentos de oro la escasa presencia que tuvieron en la cinta previa. Ver la evolución de sus arcos argumentales tratada de esta manera supone un bonito regalo para los seguidores de este universo. Thor, Hulk y los demás ya son figuras entrañables y queridas por un público que se ha familiarizado con ellos. La conexión sentimental cobra ahora mucha más importancia que nunca antes, eso es lo que diferencia esta aventura (para algunas personas) de la simple evasión palomitera. Por último se debe mencionar a Iron Man, un personaje del que Robert Downey Jr. ha hecho un icono gracias a unos matices y carisma que lo convierten no solo en el componente más tridimensional del grupo, también en su corazón.

Ya desde el principio, los hermanos Russo se ganan a pulso la genuina carga emotiva que envuelve a esta película, sin olvidar un humor certero en la mayoría de ocasiones. Esto supone la preparación ideal para el absoluto auto-homenaje superheroico que estamos por ver. Endgame va sobrada de Fan-Service, pero quizás sea este el broche más adecuado para una saga que ha abarcado tanto. No son pocas las frases lapidarias o las referencias al mundo del cómic que nos encontramos a lo largo del viaje. Tampoco faltan las batallas colosales de pantalla verde. Pero los contras se reducen a meros reproches al escuchar la partitura de Alan SIlvestri acentuando los momentos más memorables y te encuentras en la butaca emocionado ante semejante espectáculo.

Ya ha pasado un mes desde que salí de la sala de cine y tras escribir y reescribir esta crítica mi opinión sobre Vengadores: Endgame sigue siendo la misma que aquella reacción inicial. Sus defectos(que no niego que los tenga) no pueden rivalizar con el disfrute y la diversión que solo se encuentra en el mejor cine de entretenimiento. Si pienso esto puede ser porque mi propio entusiasmo me ciegue o simplemente porque esta sea una muy buena película.

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'Vengadores: Endgame' es el final perfecto para un experimento cinematográfico histórico
Crítica Ecartelera
9,0