Se trata de otra cinta absurda llevada al cine y de otra pelÃcula más que se une a la larga lista negra de Jim Carrey. Cosas como esta son las que harán que este actor pase a la historia del cine como “rey de las muecas”, quedando muy lejos del tÃtulo de gran actor.
Esta vez nos intentan divertir con una hora y media por delante que no incluye nada nuevo que pueda sorprendernos. Un negativo y aburrido protagonista que acarrea con la monotonÃa cada dÃa, decide cambiar su vida al acudir a una reunión que cambió a un viejo compañero haciendo de él lo que parece una persona libre y feliz. Siguiendo su ejemplo, Carl hace un pacto: decir que sà a todo y a todos, sea cual sea la propuesta o persona.
Para lograr el objetivo principal del film, nos bombardean con caras raras, situaciones absurdas y personajes inútiles envueltos en un argumento que llega a dar vergüenza ajena o provocar, lo que se dice habitualmente, risa por no llorar.
No ha resultado difÃcil que Carrey se encasille en comedias resultonas en taquilla y olvidables argumentos despues de tÃtulos como “Yo, yo mismo e Irene”, “Mentiroso compulsivo” y un largo etcétera al que se le une este otro tÃtulo. Esto, como todo, tiene sus consecuencias a la hora de probar nuevos géneros y es que otros tÃtulos como por ejemplo “El número 23” o hasta el aclamado “Show de Truman”, donde encontramos el lado mas serio del actor, hacen que un giro radical a sus guiones habituales saquen de contexto una historia, por muy buena que sea, e impida que veamos más allá del protagonista de otras comedias tontas e inútiles que se llenan del humor más fácil gracias a escenas ridÃculas. Hasta en sus papeles más diferentes realizados en cine logra conseguir que el espectador espere de él una de esas caras raras o comentarios sin sentido que hacen la gracia en todas sus comedias y esto no resulta nada bueno cuando se trata de otros géneros totalmente distintos.
Cómo resultado no encontramos nada que no esperemos desde el principio, incluso antes de ver la pelÃcula. Lo único aprovechable del film pueden ser algunas escenas de la pareja protagonista, que en ocasiones, muestran un lado romántico y amable lejos de lo surrealista que resulta el resto. La moraleja es, sin duda, lo que más puede salvar a esta pelÃcula y es que el mensaje positivo que transmite sirve para reflexionar sobre qué decir y sus consecuencias.