Enésima cumbre en una carrera repleta de puntos altos, deberíamos insistir con mayor pasión en que los hermanos Coen son de las mejores cosas que le ha pasado al cine a lo largo de su historia, 'A propósito de Llewyn Davis' subrayaba el punto de madurez total de unos cineastas y guionistas que alcanzaban aquí un estado de gracia que pocas veces habían logrado antes en su trayectoria. Tampoco lo han vuelto a hacer, por cierto.
Aquí hay gran cine, escenas que respiran clasicismo casi sin quererlo, preciosas metáforas sobre la Odisea de un Ulises en forma de gato roba escenas y canciones, inolvidables, que guían un relato cocinado a ritmo lento pero seguro. Una película ganadora cuyo triunfo se eleva al estar repleta de gente normal y corriente a la que las cosas no le salen bien.
Al final, puede que simplemente consista en estar en el momento oportuno y en el lugar adecuado, sí, pero también en querer estar. 'A propósito de Llewyn Davis', ni una duda al respecto, lo estuvo y lo está. Y se queda para siempre.