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'El fuego de la venganza': redención y violencia extrema

Jorge R. Tadeo Jueves 23 agosto 2012

La impactante noticia del suicidio de Tony Scott nos ha hecho recordar esta semana dos muestras de su cine, uno de los referentes (para bien o para mal) en el género de acción del último cuarto de siglo. Si el martes hacíamos memoria con 'El último boy scout', hoy es el turno de la más reciente 'El fuego de la venganza' (en inglés, 'Man on fire'), en lo que fue una de las múltiples colaboraciones del director con el actor Denzel Washington.

Justo entre la aceptable 'Spy Game' y la muy discutible (y discutida) 'Domino', Scott estrenaba un film que, para quien esto firma, es uno de los mejores trabajos de su irregular carrera. Sin ser autor de grandes obras maestras, el hermano de Ridley pasará a la memoria cinéfila como eficiente artesano de vehículos de acción generalmente entretenidos, reforzados por su sentido del ritmo y a menudo lastrados por su excesiva tendencia a la cámara en movimiento y su uso de un montaje (no siempre necesariamente) frenético.

 Tony Scott y Denzel

Pero el molesto manierismo formal de Tony Scott desaparece en el extraordinario tramo inicial de 'El fuego de la venganza', en el que narra la relación que entabla el agente en retiro forzoso por sus excesos de violencia y sus problemas con el alcohol, y la hija de un matrimonio adinerado que ha recibido amenazas de secuestro, a la que es encargado de proteger. La sorprendentemente conmovedora relación que entablan conmueven al espectador, fruto de buenas líneas de guion y de la absoluta complicidad de los protagonistas, un Denzel Washington notable y una Dakota Fanning encantadora.

Todo funciona como un reloj en un inicio que presenta extraordinariamente al personaje central y nos sumerge en el inquietante Mexico D.F. de los secuestros exprés. La lograda química entre la niña y su guardaespaldas nos hace partícipes de la tensión creciente de la trama, pues sabemos que en un momento dado inevitablemente la pequeña caerá presa de los criminales. Es entonces cuando asistimos a lo que parece el comienzo de un film completamente distinto.

 Denzel y Fanning

Y es que el ritmo, el montaje e incluso la fotografía se modifican cuando Denzel Washington emprende una salvaje búsqueda de pistas que le lleven a devolver a la pequeña a su familia, para lo cual no dudará en utilizar todo tipo de torturas y métodos de los más expeditivos... Se erige entonces el film en un espectáculo de acción hiperviolento, que puede no agradar a parte de la audiencia y con una discutible apología del "ojo por ojo" que al espectador no le resulta tan difícil apoyar, tras haber caído rendido a la dulzura de la niña que protagoniza la historia en el inicio.

Violencia explícita

Sí, la película es tremendamente maniquea, incluso moralmente manipuladora, pero conviene recordar que esto es ficción y reconocerle a Scott y al guionista Brian Helgeland (el cual adapta una novela de A.J Quinell), que logran que gran parte de su público celebre las discutibles salvajadas de su protagonista, preocupándose tan solo de que el rescate se efectúe de manera exitosa. Todo esto narrado con una vertiginosa sucesión de planos, juegos de montaje y demás artificios marca de la casa, que parecen esta vez más justificados y acordes a la desquiciada y ultraviolenta psicología del protagonista y a la narrativa a contrarreloj que adopta la historia.

El final redentor resulta efectivo y hasta conmovedor. Y eso tiene mérito tras la ensalada de disparos, explosiones y violencia a la que asistimos en el tramo previo. Sin embargo, hay cierto giro en la trama, que tiene más de artificioso y forzado que de sorprendente, que alarga el film algo más de lo deseable. Sus 140 minutos se sobrellevan sin embargo con agrado, gracias al buen ritmo, a la lograda creación de tensión y al opresivo retrato (algunos dirán que sensacionalista) del entorno mexicano.

 Denzel en El fuego de la venganza

También contribuye al éxito del film un reparto de buenos secundarios, que van desde Mickey Rourke a Christopher Walken, pasando por la australiana Radha Mitchell y el cantante Marc Anthony (quizá la nota discordante, tanto por su poco verosímil personaje, como por sus evidentes carencias interpretativas). Lo demás, si bien no es memorable, resulta de lo más efectivo, siempre que uno está dispuesto a enfrentarse a una cierta crudeza en las escenas de acción y a abstraerse (o suscribirlo, allá cada uno...) de cierto tufillo a justificación de la venganza que desprende del guion.

La película funcionó bastante bien en taquilla, recaudando 130 millones de dólares con un presupuesto de 70. Y aunque no se encuentra entre los títulos más rentables de Scott, sí que generó una importante controversia entre crítica y público en su estreno. Por ello y por su irreprochable tramo inicial, merece la pena que recordemos 'El fuego de la venganza'. Sirva como homenaje y despedida a Tony Scott.

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