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Una mañana entre tanques con 'Corazones de acero'

Daniel Lobato Sábado 10 enero 2015

Con motivo del estreno en salas de 'Corazones de acero', la nueva película de David Ayer protagonizada por un Brad Pitt incapaz de olvidar a su inolvidable Aldo Raine y acompañado por un cuarteto de lo más variopinto formado por Shia LaBeouf, Logan Lerman, Michael Peña y Jon Bernthal, la gente de Sony Pictures nos invitó a nu nutrido número de periodistas y críticos de cine a vivir de primera mano la experiencia de subirnos a un tanque. Los Reyes Magos este año se presentaron el 8 de enero.

Una mañana entre tanques con 'Corazones de acero'

El plan de actividades venía bastante cargadito con el visionado de la película (de la que podéis leer nuestra opinión siguiendo este link), un coloquio con algunos soldados acerca de la verosimilitud de las escenas propuestas por el equipo del film (según los expertos lo es, y mucho), una demostración dinámica de carros de combate -lo que vendría a ser ver algunos tanques corriendo a toda pastilla en vivo y en directo- y una visita práctica por el Museo de Medios Acorazados del Ejército de Tierra en El Goloso, en Madrid.

Por norma general, los periodistas se vuelven locos cuando les llevan a un sitio en el que pueden jugar, les dan de comer y les hacen algún regalo (en este caso una camiseta promocional de 'Corazones de acero'). Obviamente yo me excluyo, pues con el tiempo he aprendido a madurar y guardar la compostura -profesionalidad ante todo. Pensad en ese primer día de las rebajas como si no hubiera un mañana o en un grupo descontrolado de niños en un cumpleaños. Pues la situación era más o menos la misma. Todo el mundo quería ser el primero en subirse al tanque o en ver en funcionamiento el simulador. Pero aunque parezca que todo son risas y diversión el nuestro es un trabajo duro, y no solo porque hubiera alguno que tuviera serias dificultades para llegar a la escotilla de los carros, sino que muchas veces querríamos hacernos el harakiri con cada película... Por ello actividades como esta son bien recibidas de cuando en cuando. La prensa se escaquea de la redacción para hacer algo diferente y la distribuidora de turno nos cuela una acción publicitaria de su producto. Porque ya me diréis que tiene de cinematográfico este artículo; y aún así ya he citado su título, 'Corazones de acero', varias veces... y aún me quedan un par más.

A lo que iba, al llegar al museo nos dividieron en cuatro grupos para participar / ver otras tantas actividades: la de subir y entrar en un tanque real (por la que empezó mi grupo y por la que iba al evento una gran mayoría de la prensa), ver y entrar en un simulador de Torre (que vendría a ser la "cabina" de un carro de combate de verdad, utilizado para los entrenamientos de los soldados), asistir a una clase teórica sobre el funcionamiento del simulador táctico de tripulación y conocer más de cerca el museo de medios acorazados a través de un recorrido guiado por los diferentes vehículos que forman parte de la colección de dicho museo.

Una mañana entre tanques con 'Corazones de acero'

Sin duda, para el grueso de nosotros, lo más interesante fueron las experiencias con los tanques reales y con el simulador de torre. Y es que tocando se disfruta más. Mientras que el recorrido por el museo fue un poco descafeinado por culpa del catering dispuesto para aguantar la jornada (entre pitos y flautas tuvimos siete horas de 'Corazones de acero'). De todas formas, en términos generales, la experiencia fue positiva para todos y sirvió (eso quiero pensar) para sentirnos más cercanos al trabajo de los actores del film, quienes se pasan una gran parte del mismo enclaustrados en un cochambroso tanque. Vamos, que se marcan un 'Buried' de a cinco y eso hay que valorarlo.

Cuestión de perspectiva

Dejando al margen el debate de si es pertinente o no enaltecer y conservar para su mayor gloria unas máquinas pensadas para matar, lo cierto es que los carros de combate imponen muchísimo. Ya solo por su gran envergadura -el tamaño siempre importa- uno les debe tener cierto respeto. Delante de un tanque es fácil sentirse desprotegido y casi como una hormiga -pero una marvelita, que mola más. Pero dentro la cosa cambia y nos convertimos en Gulliver en Lilliput. Angostos y claustrofóbicos, apenas dejan espacio en su interior para maniobrar o sentarse cómodamente. Los tripulantes son, a fin de cuentas, meras herramientas, como los navegadores de a bordo o las municiones, para que los tanques cumplan sus cometidos bélicos.

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