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CRÍTICA

'Jurassic World': El mismo parque con otra cara

Los dinosaurios salen de su letargo y vienen dispuestos a comerse la taquilla. El legado de Steven Spielberg está más vivo que nunca en esta cuarta entrega de la saga.

Por Daniel Lobato Fraile 12 de Junio 2015 | 12:35

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A estas alturas todos estaremos de acuerdo en que no hay una sola película que no sea susceptible de ser revisitada en forma de remake o de secuela/precuela. Y si con ello se venden muñequitos solo es cuestión de tiempo. La penúltima saga en sumarse a esta, ya eterna, moda es 'Parque Jurásico', que nos presenta un lavado de cara en forma de cuarta entrega.

'Jurassic World': El mismo parque con otra cara

Revitalizar 'Parque Jurásico' son palabras mayores, pues la obra de Steven Spielberg, además de ser un enorme éxito de taquilla (que perdura hasta hoy con las ocasionales reposiciones que se hace de ella en salas), significó un punto de inflexión en el concepto del blockbuster, siendo la que sentó las bases de la forma de hacer y ver el cine en términos mainstream. Hollywood no es lo que sería hoy de no haber sido por 'Parque Jurásico'. Pero como era de esperar 'Jurassic World' se queda bastante rezagada.

Colin Trevorrow (quien hace tres años nos sorprendiera con la interesante 'Seguridad no garantizada', sobre viajes en el tiempo) nos presenta una versión renovada del film original, plagando su historia de guiños y homenajes con los que ganarse la simpatía de los fans. Tenemos un nuevo parque (en la isla Nublar, la misma que en la primera entrega), un nuevo par de niños a través de los que percibimos el asombro y posteriormente el terror, y un montón de nuevos dinosaurios correteando de un lado a otro comiéndose a todo aquel que se cruce con ellos. Todo nuevo y, sin embargo, no encontramos ninguna novedad.

'Jurassic World' no intenta marcar distancias y crear algo nuevo como hiciera el propio Spielberg en 'El mundo perdido (Jurassic Park)', e incluso 'Parque Jurásico III', que venía a ser una suerte de misión de rescate. Esta cuarta parte repite los esquemas de la original pero amplificándolos: Un parque más grande, dinosaurios más grande... hasta los críos son más grandes.

Pero bueno, ¿es lo que nos esperábamos, verdad? En ese sentido, la propuesta de Colin Trevorrow es muy honesta. Intenta captar el interés de los más nostálgicos y asombrar a una nueva generación de espectadores. Y el film arranca marcando ese tono. El prólogo, en el que vislumbramos el parque desde los cielos, y nos emocionamos viendo a los gigantes del pasado, busca precisamente eso, maravillarnos como niños ante lo increíble, tal como hiciera la primera. Y vaya si lo consigue.

'Jurassic World': El mismo parque con otra cara

El primer tercio de la película se dedica a plantear la situación, presentar a los personajes y aplacar todas las críticas que pudiera haber (y que ha habido) sobre la necesidad de inventarse bichos híbridos habiendo decenas de especies de dinosaurios reales que habrían tenido cabida sin necesidad de complicarse tanto. Tan conscientes eran de esas dudas razonables entre los seguidores de la obra de Michael Crichton, que las ponen en boca de un personaje empleado en el parque, caracterizado hasta cierto punto como un fan más, con sus muñequitos decorando su espacio de trabajo y llevando una camiseta del Jurassic Park.

En caída libre

Dejando claro que en conjunto es un título bastante disfrutable, que no busca más que evadirnos un rato y lo consigue; si profundizamos en ella es cuando pone en evidencia sus carencias, destacables en tres aspectos. El primero y más evidente es el abuso de los efectos digitales, perdiéndose parte de la magia de la original. El dinero manda y trabajar con ordenadores es más barato que trabajar con animatronics, lo que ha llevado que la buena integración de ambas tecnologías haya decaído en favor de los primeros. Y en más de una secuencia los efectos "cantan" lo suyo.

Por otro lado, si bien no se le puede reprochar nada a unos Bryce Dallas Howard y Chris Pratt entregadísimos (el segundo parece estar postulando para el rol de Indiana Jones), sus personajes resultan bastante sosos, no tienen un arco que los defina o los haga evolucionar. Liman sus asperezas entre ellos, se deja caer un mensaje pro maternidad para ser feliz que atufa un poquito y poco más; en esencia acaban igual que empiezan (bueno, más sucios).

Y en tercer lugar está la maldita necesidad de humanizar a los dinosaurios. Hay un momento en que solo falta un choque de manos entre los raptores y el ya mítico T-Rex. ¡Son bestias salvajes! ¿Qué necesidad tienen de, por ejemplo, darse las gracias después de ayudarse en una refriega?

Como ejercicio para revitalizar la saga 'Jurassic World' funciona y por momentos convence, pero con la sobreexplotación de blockbusters a las que nos está sometiendo Hollywood para destacar habría necesitado un plus; quizás haber dejado de mirarse en el espejo de la primera e intentar imitar y haber buscado su propio espacio. Con suerte, habrá más oportunidades.