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Travestismo y transexualidad, historias fascinantes del mundo del cine

Valeria Vegas Sábado 19 septiembre 2015

Resulta sorprendente que una cuestión tan poco común y en ocasiones de escasa visibilidad como la transexualidad, se haya convertido para el séptimo arte en un género aparte y repleto de obras aplaudidas y bien admiradas por crítica y público. Desde hace décadas se aborda dicha temática, tanto a través del drama como de la comedia, y con resultados de lo más variopinto, que igual pueden acabar nominados al Oscar o quedarse como películas de culto. Personajes que trascienden la pantalla y llegan a convertirse en héroes y heroínas para todo un colectivo, gracias a unos valores que reflejan fortaleza y positividad, confirmando que en ocasiones, además de para entretener, el cine también sirve para educar.

1 Distinguir para entender

Travestismo y transexualidad, historias fascinantes del mundo del cine

Es fundamental que la sociedad y la mayoría imperante sepa distinguir ciertos términos, para así poder comprender mejor algunas situaciones que de por sí ya pueden resultar complejas. En ocasiones tiende a confundirse travestismo con transexualidad, más por un error común de ignorancia a pie de calle, que por falta de conocimiento en el séptimo arte. El cine está plagado de ambos casos, pero no siempre entra en un estudio diferenciador que esclarezca dichas confusiones. El travestismo conlleva simplemente el hecho de adquirir un rol opuesto a través de vestimentas del sexo contrario, cual disfraz momentáneo; mientras que la transexualidad es la identificación con un sexo que no es el biológico, con la finalidad de adquirir la identidad de género correspondiente, viviendo plenamente con el sexo deseado. A partir de aquí se puede distinguir y valorar más fácilmente los personajes e historias que el cine nos ha brindado, comprendiendo que es un tema aún novedoso si se tiene en cuenta que su visibilidad no surge hasta mediados del siglo XX, gracias a los avances de la ciencia. Ed Wood, el que fue bautizado como el peor director de todos los tiempos, no dudó en 1953 en aprovechar el fenómeno tras la noticia de la operación de la primera mujer transexual, Christine Jorgensen, para llevar la historia a su terreno con 'Glen o Glenda', protagonizada por el mismo, y abarcando finalmente el travestismo, hecho que era costumbre habitual en la intimidad del realizador, y que se vio estupendamente reflejado en el biopic de Tim Burton, 'Ed Wood', encarnado por Johnny Depp y con la mítica escena del jersey de angora, que sirvió hasta para protagonizar el cartel del film.

Las situaciones de travestismo han aportado siempre grandes dosis de comedia e incluso han sido un astuto recurso para encontrar trabajo. Es el caso de Julie Andrews en '¿Víctor o Victoria?', donde haciéndose pasar por un hombre, logra empleo en un cabaret, obteniendo además de éxito, un rico enamorado que se queda fascinado ante ella con su personaje masculino. El mismo juego de equívocos le ocurrió a Dustin Hoffman con 'Tootsie', teniendo que travestirse de mujer para volver a insertarse en el mundo laboral, que lo rechazaba como actor debido a su difícil carácter. Su incursión en una serie con la que alcanza una enorme popularidad le hará debatirse entre su nuevo estatus social como señora ocasional, o el amor que siente por Jessica Lange. El tener que elegir entre el trabajo o una relación sentimental es algo que ya había ocurrido años atrás en 'Con faldas y a lo loco', donde Jack Lemmon y Tony Curtis se acicalan para entrar a formar parte de una orquesta de señoritas, liderada por una estupenda Marilyn Monroe a la que no tardarán en conquistar. Igual de cómico resultaba Robin Williams convirtiéndose en la niñera perfecta con 'Señora Doubtfire, papá de por vida', dispuesto a realizar las difíciles tareas del hogar, con tal de poder seguir viendo a sus hijos, y con una transformación increíble que conseguía engañar incluso a su propia ex mujer. Todos los personajes citados no ven interferida su condición sexual (que no deja de ser otra que la heterosexual dominante) por su momentáneo cambio de vestuario y juego de roles.

En otras ocasiones el travestismo se ha visto como una perversión, una vía de expresión para psicópatas que escondían traumas y que sentían dentro de ese disfraz mayor capacidad para llevar a cabo sus crímenes. Una imagen negativa que parecía querer asociar dicho rol con una enfermedad psicológica. Se hace evidente en el film de Brian de Palma, 'Vestida para matar', en donde el asesino se vestía de mujer para llevar a cabo sus asesinatos. Una vestimenta simple que viene a servir de refugio a la persona que hay detrás de tales intenciones. Como es el caso de Norman Bates, el desequilibrado personaje de Anthony Perkins en 'Psicosis'. Alfred Hitchcock tenía claro que el complejo de Edipo sufrido por el protagonista, tenía que ir acompañado de un travestismo extremo, pudiendo llevar así a cabo cualquier fechoría al verse parapetado con las vestimentas de su propia madre. Igual de poco favorable resulta la perspectiva de 'El silencio de los corderos', en la que el asesino al que busca Jodie Foster, acostumbra a travestirse e incluso a arrancar la piel de sus víctimas femeninas con la macabra intención de hacerse un traje de mujer.

Durante la década de los noventa, con el fervor de las drag queens capitaneando las tarimas de todas las discotecas, se retomó un nuevo aspecto del travestismo, mucho más exagerado, potenciando una feminidad que rozaba el histrionismo y teniendo por bandera la diversión y mucho sentido del espectáculo. El mayor reflejo de todo ello fue 'Las aventuras de Priscilla, reina del desierto', donde con un colorido juego visual, se embarcan en un viaje en autobús cruzando el desierto australiano, dos gays y una transexual, encarnados respectivamente por Guy Pearce, Hugo Weaving y un magistral Terence Stamp. El film sirve para recalcar la diferencia entre los dos jóvenes que disfrutan con el travestismo, que es además su modo de vida, regresando siempre a su condición de hombres, con el objetivo totalmente distinto del personaje de Stamp, que ya en su madurez decide convertirse en mujer, ya que es la identidad con la que realmente se identifica. Un año después, en 1995, se volvió a copiar la misma fórmula de clásicos musicales, road movie, pelucas y diálogos delirantes en 'A Wong Foo, gracias por todo, Julie Newmar', con unos feminizados Wesley Snipes, Patrick Swayze y John Leguizamo, dispuestos a ganar un concurso a la mejor drag queen de América.

Travestismo y transexualidad, historias fascinantes del mundo del cine

El caso más actual viene acompañado del drama, con 'Una nueva amiga'. En dicho film, de origen francés, se plantean diversas cuestiones ante el hecho de que un viudo se vista como su difunta mujer, recuperando además así la autoestima de la mejor amiga de ésta, sumida en una fuerte depresión tras su fallecimiento.

2 La transexualidad con todos sus dilemas

Cuando la temática gira en torno a la transexualidad, la mayor parte de las veces es en tono dramático, debido a la difícil y angustiosa situación que viven en ocasiones gran parte de las personas transgéneros.

En 1992, 'Juego de lágrimas' conmocionaba al público, con una historia que reflejaba el trasfondo bélico de Irlanda y una viuda que resulta ser una mujer transexual que trabaja de peluquera, y de la que el vigilante de su difunto novio se acaba enamorando, ante una situación que aún resultaba novedosa. La película sirvió para demostrar que en el aspecto sentimental nada importa el pasado de las personas, por muy sorprendente que le resulte al atormentado enamorado. Neil Jordan, director de dicho film, volvió a adentrarse tiempo después en dicha temática a través del protagonista de 'Desayuno en Plutón'. Un joven huérfano encarnado por Cillian Murphy, que tras recibir una dura reprimenda por parte de su familia adoptiva y de los directores de su estricto colegio católico, decide huir para poder llevar a cabo su verdadera identidad, conocedor de que su ambigüedad molesta a los anteriormente citados. En su camino se irá forjando como la mujer que desea ser, además de ir en busca de su madre biológica. La música resulta un hecho fundamental para adentrarse en los sentimientos y aventuras de Kitten, que así es su nombre de guerra cuando florece su lado femenino. Al igual que ocurre con 'Hedwig and the Angry Inch', la historia de una transexual, con una fallida operación de reasignación sexual, que lidera una banda de glam rock y que antes de ser llevada a la gran pantalla de manera magistral, fue un musical que a día de hoy aún se mantiene en la cartelera de Broadway, con legiones de adeptos a su argumento y banda sonora.

Travestismo y transexualidad, historias fascinantes del mundo del cine

La transfobia es un hecho latente, una discriminación motivada generalmente por la ignorancia, y el cine lo ha abarcado en varias ocasiones, siendo la más destacable 'Boys don´t cry'. Basada en un caso real y protagonizada por Hilary Swank, que recibió el Oscar por dicha interpretación, narra la tragedia sufrida por Brandon Teena, que deja atrás su pasado femenino para convertirse en el hombre que realmente es, algo que no le perdonan sus compañeros cuando descubren que arrastra una identidad anterior, llegando a violarle e incluso al asesinato. Una vez más el séptimo arte sirvió para reflejar una realidad que pese a estar oculta muchas veces, merecía ser retratada para concienciar a la gente de la marginación y ataques diversos que se sufren en dicha situación. Una historia con mejor final es la relatada en 'Beautiful Boxer', producción tailandesa basada también en hechos reales. Nos encontramos con la difícil vida de un joven que para poder lograr su objetivo de ser la mujer que verdaderamente siente ser, ha de dedicarse a las artes marciales y el kickboxing, codeándose de un mundo ferozmente masculino para costear las intervenciones que necesita para cumplir su sueño. Lo curioso es que no sólo se maquillaba para salir al ring, si no que además lograba vencer en casi todos sus combates. Todo un ejemplo de superación digno de admirar. Como igual de encomiable es el caso de 'Transamérica', que nos cuenta la historia de una transexual en su madurez y soberbiamente interpretada por Felicity Huffman, que poco antes de someterse a una operación de reasignación sexual, recibe la sorpresiva llamada de un adolescente que resulta ser su hijo, del cual desconocía su existencia. Con todos sus temores e inseguridades, afronta aquella ignorada paternidad convirtiéndola en una nueva maternidad que sorprenderá incluso a su primogénito. Y es que el sentimiento maternal no es tan sólo patrimonio de las mujeres biológicas, como se volvió a demostrar con la producción argentina, 'Mía'. Dicho film del 2011, muestra a una humilde transexual que vive en un gueto y que por circunstancias de la vida pasa de recoger cartones, a cuidar de una niña huérfana de madre, que se convierte en su mejor amiga, conquistando no sólo el corazón de la menor, si no también el de su antipático y atormentado padre.

3 España y sus pocas excepciones honorables

Travestismo y transexualidad, historias fascinantes del mundo del cine

Mientras que en el resto del mundo se ha tratado el tema con bastante respeto, realismo e intención de informar, en España se ha ido varios pasos por detrás. Abundan los personajes secundarios que tan sólo están ahí con intención de hacer una gracia a costa de su singularidad. Cierto tipo de humor que no sólo viene ocurriendo en el postfranquismo debido a la novedad de aquel momento, si no también en producciones recientes como 'Fuga de cerebros', 'No lo llames amor...llámalo X' o 'Tres bodas de más', en donde la imagen de las transexuales no sale muy bien parada. La marginación laboral es una realidad para tal colectivo y en ocasiones, por problemas familiares o simplemente de documentación, la prostitución acaba siendo una salida habitual que cada vez es menor gracias a nuevas generaciones más preparadas y aceptadas por el resto de la sociedad. Aún así nuestro cine ha sido escaso en cuanto a crear heroínas, mostrándolas siempre desde un lado frívolo de la prostitución como ocurre en 'Las edades de Lulu' de Bigas Luna; 'Torrente 2: Misión en Marbella'; o '20 centímetros', protagonizada por Mónica Cervera. Pedro Almodóvar es quizás de los pocos directores que ha sabido dotar de humanidad a esos personajes que tan magistralmente interpretaron Carmen Maura y Antonia San Juan en 'La ley del deseo' y 'Todo sobre mi madre' respectivamente, logrando cautivar a cualquier espectador a través de su vis cómica y preocupaciones vitales. El recientemente fallecido Vicente Aranda, fue el artífice en 1977 de 'Cambio de sexo', que hasta hoy sigue siendo la mejor película de nuestro país en reflejar fielmente la dramática situación de una adolescente transexual encarnada magistralmente por una joven Victoria Abril. El film no escatimó en mostrar el acoso escolar, el rechazo paternal, la huida del hogar y las vicisitudes que sufre hasta lograr ser la mujer que ella desea. España necesita directores más concienciados, dispuestos a contar historias latentes de verdad y fuera del circuito de la comedia, que pocas veces beneficia la imagen de los hombres y mujeres transexuales, estigmatizados también por la visión morbosa que muestra en ocasiones la pequeña pantalla.

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