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'Star Wars: Episodio I - La amenaza fantasma': Juego de niños

Jesús Agudo Miércoles 11 noviembre 2015

Tuve la suerte de vivir el renacer de la saga 'Star Wars' cuando tenía solo 11 años. Aunque los recuerdos se hayan diluido un poco, mantenía la sensación de que había disfrutado el 'Episodio I' de la saga de George Lucas como el niño pequeño que era. Pero los episodios II y III me habían dejado un sabor de boca tan amargo que hacía muchos años de la última vez que la vi. Aprovechando que el huracán 'El despertar de la fuerza' se acerca inexorablemente, comenzamos el repaso de las seis películas que la precedieron, y a mí me ha tocado regresar a mi infancia.

Star Wars: La amenaza fantasma

Como dije antes, no recuerdo con total claridad cómo se vivió el regreso a la galaxia muy, muy lejana en 1999, pero no cabe duda que fue un acontecimiento bestial. La maquinaria de merchandising era mastodóntica, miraras donde miraras había algo de 'Star Wars'. Los cereales regalaban cosas de 'Star Wars', los periódicos tenían fascículos de 'Star Wars'. Qué decir de las jugueterías y grandes almacenes. La saga alcanzaba el estatus de evento con 'La amenaza fantasma', que buscaba tocar la fibra nostálgica de aquellos fans de la primera trilogía, y atraer a unos cuantos nuevos. Como ahora, vamos. Cuando todos nos preguntamos si J.J. Abrams estará a la altura del legado de la franquicia, es hora de recordar que ya pasamos por las mismas dudas cuando el padre mismo de la saga decidía iniciar el cierre del círculo. ¿Y estuvo a la altura? Quizás convenció más a uno de los dos objetivos a los que apuntaba que al otro.

El 'Episodio I' comienza como las tres anteriores entregas: una puesta al día de qué ocurre en la galaxia. Y lo que ocurre es un lío burocrático con bloqueo comercial incluido. Suena farragoso, pero por suerte llegan los Jedi para solucionarlo con sus sables láser. Un joven Obi Wan Kenobi, todavía un aprendiz, y su mentor, Qui Gon Jin, hacen su aparición, dispuestos a negociar para que acabe el bloqueo al pequeño planeta de Naboo. No solo no lo consiguen, sino que se ven inmersos en la primera batalla, en la que quedan claras dos cosas: Ewan McGregor va a estar a la altura de lo que consiguió sir Alec Guinness con su Obi Wan, y Liam Neeson será un gran personaje en la película. La cosa pintaba bien, aunque esa sensación no duraría mucho.

Star Wars: La amenaza fantasma

George Lucas se había puesto las pilas con el diseño de producción, aprovechando los saltos tecnológicos para darle a su saga un aire ostentoso y espectacular. La capital de Naboo, por ejemplo, es de una belleza increíble, un ejemplo de la grandeza que se quiso dar a esta nueva trilogía. Y era solo el principio. Luego descubriríamos los impresionantes atuendos de la reina Amidala, ya sea con Natalie Portman o con su doble, Keira Knightley; la inmensidad de una audiencia del Senado (buscad a los E.T.) o lo mucho que molaba Darth Maul solo a simple vista. Estaba claro que el objetivo era demostrar que los 115 millones de dólares de presupuesto se habían invertido en algo.

No se había perdido el aire de las viejas aventuras galácticas, reflejo en nuestra vuelta a Tatooine o la lucha entre los Jedi y los Sith. El inicio de la historia de cómo Anakin Skywalker pasó de ser "el elegido" al azote de toda la galaxia es lo más destacable del guión. Conocer la infancia de uno de los villanos, qué digo, del villano más icónico de la gran pantalla pone la piel de gallina, y su historia empieza de forma satisfactoria. Esclavo junto a su madre, trabajando en un taller, sueña con mucho más, su ambición sale a relucir pronto y no se va. Además, la Fuerza no miente: es un joven muy especial. Todavía es un chaval inocente al que lo único que interesan son las carreras de vainas, el deporte local, cualquiera diría que un día acabaría poniendo los pelos de punta. Jake Lloyd no pudo sobrevivir a este papel, y dejó la interpretación tras sufrir bullying de pequeño por su fama. Y eso que era el mismísimo Anakin Skywalker.

Mientras tanto, la cada vez más intensa presencia de los Sith cobra un interés mayor cuando entra en escena Darth Maul, un personaje que ya solo con su cara roja y negra, sus cuernos y sus ojos inyectados en sangre no iba a poder pasar desapercibido. Ray Park hace un grandísimo trabajo con el Sith, sobre todo con las peleas de espada láser. A destacar esa batalla interrumpida por las paredes que se conectaban y desconectaban. ¿Y cómo hacerlo todavía más chulo? Presentando el sable doble. Estaba destinado a convertirse en un favorito, y lo logró. Qué pena que no pudiéramos disfrutar mucho de él, pero al menos la saga mantenía ese aire que ahora diríamos "a lo 'Juego de Tronos'", dejando claro que, por muy chulo que fuera un personaje, no estaba libre de pasar por la tabla (salvo los que sabíamos que tendrían una larga historia, claro).

Star Wars: La amenaza fantasma

Al revisar la película recordé que la sensación que me había dado era que se trataba de una película bastante infantil, y lo mantengo. Parecía muy indicada para captar nuevos adeptos entre los pequeños de la casa, con personajes como Jar Jar Binks o las carreras de vainas. Y en gran medida lo consiguió. Conozco a pocos de mi quinta que no pasaran por los cines a ver la película (es la más taquillera de la saga de momento), y consiguió que los que no eran muy fans o no habían visto las anteriores se vieran arrastrados por la marea. Mi hermana no es particularmente fan acérrima, y no paró hasta conseguir la espada de Darth Maul. Uno de mis mejores amigos reventó su ordenador intentando instalar el juego de las carreras de vainas. Es decir, Lucas logró que pasáramos por el aro, y si bien hay cosas, como las vainas, que siguen funcionando perfectamente (es un momento que me sigue poniendo eléctrico), otras como Jar Jar Binks no son capaces de superar el paso del tiempo. Bueno, Jar Jar Binks nunca ha superado más que el límite del ridículo.

Misa no entender por qué

De hecho, Jar Jar Binks es una de esas cosas innecesarias que decidió meter en esta nueva trilogía y que solo hizo más complicado que gustaran. El gungan es uno de los personajes más insufribles de la saga, y del cine de ciencia ficción en general. No aporta nada a la historia y no hace gracia, ni aunque se lo proponga, su idioma y el de los suyos, por muy interesante que sonara una sociedad anfibia bajo el agua, es un suplicio de escuchar. Y si ya pensaba algo así cuando era pequeño, imaginad ahora. Además, es otro ejemplo de uno de los grandes problemas que tiene la película, y es el exceso de ordenador. Aunque para la época es innegable que se trataba de un salto, visto ahora ha envejecido muy mal. Cosa que no habría ocurrido con más maquetas o prótesis y menos pixeles. Pero ese abuso no había hecho más que empezar. Que los droides o los alienígenas parezcan no pisar el suelo, que sus tejidos se muevan de forma excesiva... eso son cosas que hoy en día son impensables, y si Spielberg pudo hacer en 1993 'Parque Jurásico', Lucas podría haber sabido cuándo arriesgar y cuando jugar sobre seguro. Sé que los dinosaurios ni son comparables a una galaxia, pero la trilogía original daba menos vergüenza porque lo palpable siempre queda mejor que lo "imaginable".

Star Wars: La amenaza fantasma

A pesar de estos fallos, no negaré que 'La amenaza fantasma' se hace bastante entretenida en general. El rollo de origen de una historia, los guiños al pasado de la saga (la inclusión de C-3PO y R2-D2, la aparición de Jabba...), los Sith, los Jedi, la carrera de vainas, John Williams a tope. Se pueden sacar muchos puntos positivos a este regreso que, como mínimo, supo que había que apuntar alto, aunque el guión se quedara algo cojo respecto a su pasado. El hype no fue compensado en los cines, de eso estarán de acuerdo muchos fans. Pero es, sin duda, la más entretenida de la segunda trilogía, y a los niños de la época consiguió engancharnos (y hacer que nuestros padres abrieran las carteras). Una pena que me perdieran casi del todo en esa comedia romántica a la que llamaron el 'Episodio II'. Pero de eso hablaremos más adelante.

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