Las sorpresas y las polémicas son las dos únicas cosas que superan en cantidad a las películas que lleva sobre sus espaldas Spike Lee. Y hablamos de un cineasta con más de una veintena de largometrajes en su trayectoria. Pero es incorregible, puro nervio, una de esas personas que dividen al personal entre sus defensores apasionados y aquellos que no ven más que un bocazas siempre pendiente del titular más salvaje. Probablemente, ambos sectores estén equivocados. Es único, sí, pero, usando un sabinismo: ni tan genio, ni tan condenado.

Al igual que ocurre con su cine, la figura de Lee está claramente marcada por un discurso profundamente personal, necesario dentro de su contexto creativo y social, inseparable de la leyenda que le rodea como un talento incomprendido, un juguete de la industria, un alma inquieta en busca de la revolución y el grito en el cielo. Por fortuna, toda esta pasión, la cual no deja de ser un elemento prácticamente omnipresente en la mayoría de artistas, se encuentra presente en su forma más brillante en algunas películas mayúsculas, trabajos dirigidos con pulso de hierro capaces, incluso, de equilibrar la balanza entre la revolución y la delicadeza cinematográfica.
En este especial, gracias a diez anécdotas y curiosidades que sorprenden y, al mismo tiempo, son perfectamente identificables con Lee, nos acercamos más a la persona que al cineasta, a la idea más que a la ejecución. En definitiva, a la realidad más que a la ficción. Spike Lee, un director siempre interesante. Una personalidad siempre en imprevisible movimiento.