Más allá de los alumbrados de las calles, los villancicos, ese género musical injustamente ninguneado y extremadamente preciosista en lo melódico, los turrones, cenas y comilonas familiares y la compra/venta de regalos a última hora, es inevitable sumar a las costumbres navideñas todas esas películas que, con el paso del tiempo y como consecuencia de repeticiones anuales, se han convertido en propuestas cuyo visionado alejado de esta época del año se nos hace extraño. A clásicos de la talla de '¡Qué bello es vivir!', 'Solo en casa', 'Plácido' o 'Eduardo Manostijeras', tres obras maestras sin discusión, se han intentado añadir en los últimos años un buen puñado de películas animadas. Y aquí tenemos siete que lo consiguieron.

Un conjunto de propuestas que comparten espíritu y esencia navideña sin dejar de lado sus objetivos de recordar, de la manera más encantadora posible, lo realmente especial que son estas fechas del año. Disfrutar de ellas es similar a observar en movimiento una pizca de Navidad explotando en el televisor. No tiene precio, pero sí que requiere de un elemento esencial para su uso, que sea compartido, a poder ser en familia. De esta manera todas sus virtudes se expanden y aumentan de manera automática. Se convierten, en definitiva, en películas mejores.
A continuación, analizamos las razones y causas que hacen de estas siete propuestas un valor (navideño) seguro. No todas son perfectas, no nos podemos engañar, pero sí que mantienen esa magia especial que les da un toque diferente, que permite que público de todas las edades, de 0 a 90 años, sonría, cante y sienta de una manera especial el cine. Cosas de la Navidad. Puede ser cursi, de acuerdo, pero también es única.