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'Heathers': Por qué Paramount Network ha hecho bien descartando la polémica serie

Pedro J. García Sábado 02 junio 2018

A finales de los 80, el panorama del cine adolescente estaba dominado por la voz de John Hughes. El director de 'Dieciséis velas' y 'El club de los cinco' afianzó el género asentando las normas que servirían como guía para todas las historias teen posteriores. En 1988, Michael Lehman le dio una vuelta de tuerca al cine de Hughes con 'Escuela de jóvenes asesinos', comedia negra en la que una adolescente (Winona Ryder) se aliaba con un sociópata (Christian Slater) para vengarse de a las chicas más populares del instituto, las Heathers, y acaba inmersa en una espiral de violencia y asesinatos. Como es lógico, se convirtió en una película de culto.

Tres décadas más tarde, la cadena Paramount Network anunció un remake de la película en forma de serie. La idea era que la nueva 'Heathers (Escuela de jóvenes asesinos)' recuperase el carácter subversivo del film para adaptarlo a nuestros tiempos de la forma más incendiaria y controvertida, situándolo en un presente en el que los estudiantes están más que habituados a los detectores de metales en los institutos y las frases motivadoras vienen por cortesía de Khloe Kardashian. Sin embargo, el experimento no ha salido bien y la cadena ha decidido no seguir adelante con la serie.

Veronica y las Heathers

En un principio, 'Heathers' iba a estrenarse el pasado mes de marzo, pero Paramount Network decidió retrasarla debido al tiroteo de Parkland, Florida, alegando que la serie contenía temas "difíciles", entre ellos la violencia con armas. Su estreno pasó a julio, en un movimiento de ficha que muchos interpretaron como un primer paso hacia la cancelación, después de que la crítica aniquilase la serie y se iniciase un fuerte movimiento en su contra por parte del público debido a la insensibilidad e ignorancia con la que el piloto (que se pudo ver de forma anticipada en Internet) trataba temas sensibles.

Finalmente, Paramount Network ha hecho lo que muchos esperaban, descartar la serie. Sin embargo, su presidente de desarrollo de contenidos, Keith Cox, sigue defendiéndola y asegura que están intentando venderla a otra cadena. En otras palabras, que están estudiando cómo pasarle el muerto a otro. Dudamos que, con la mala reputación que ha adquirido la serie, alguna cadena se interese por ella. Aunque claro, cosas más raras se han visto. Como que le dieran luz verde en primer lugar.

Así era el piloto: Los oprimidos se vuelven los opresores... ¿en serio?

Frente a las malas críticas a 'Heathers', Paramount ha insistido siempre en calificarla como una "sátira arriesgada", intentando vender una imagen de incomprendida o incluso adelantada a su tiempo. Cuando no hay nada más lejos de la realidad: el problema es que su enfoque era completamente desacertado. La serie, desde luego, no era un producto teen al uso (como tampoco lo era la película en la que se basa, claro que los tiempos han cambiado). En la versión de 2018, las Heathers ya no son rubias, delgadas y tradicionalmente guapas, sino que representan a las minorías oprimidas tomando el control de la sociedad: Heather Chandler (Melanie Field) es una chica con sobrepeso, o "body positive", que sería el término adecuado, Heather Luke (Brendan Scannell) es un chico gender-queer y Heather McNamara (Jasmine Matthews) es mestiza y lesbiana. Son populares porque se adhieren a lo no-normativo.

El reparto principal d 'Heathers (Escuela de jóvenes asesinos')

Por el contrario, la protagonista, Veronica (Grace Victoria Cox), es rubia, heterosexual y convencionalmente atractiva, y su extraño nuevo amigo, JD (James Scully), el típico galán pseudo-alternativo que nos encontramos en cualquier serie adolescente actual. De esta manera, la nueva 'Heathers' intentaba modernizar la historia contextualizándola en la era de la hipervigilancia, la hiperconectividad y el exceso de corrección política. Era una idea cuanto menos curiosa y con mucho potencial, pero la ejecución dejaba mucho que desear.

El piloto de 'Heathers' comienza con un macabro flashback que nos lleva ocho años atrás para mostrarnos a un niño presenciando el suicidio de su madre (escena que nos da un vistazo a Shannen Doherty, primero de los muchos guiños a la película). La serie empieza pisando fuerte, y lo que viene a continuación confirma que no tiene intención de aminorar, sino todo lo contrario. En el presente conocemos a Veronica, una de las chicas más populares del instituto, y su pandilla, las temibles Heathers. Veronica se plantea la cuestión que, en un principio, ejercerá como hilo conductor de la historia: "¿Quién soy?".

Como todas las películas y series de instituto, pero con mucha más acidez, 'Heathers' trataba sobre la búsqueda de la propia identidad (o como se dice en uno de los escasos momentos atinados del piloto, "tu marca") en un entorno social estratificado, caracterizado por la presión en todas sus facetas y la confusión hormonal, que tiene lugar antes de salir al mundo real (o al "mercado"). Pero la historia no tarda en dar un giro hacia el lado más oscuro cuando, asqueada por el cruel comportamiento de su pandilla, Veronica decide darle un escarmiento a la líder de las Heathers con la ayuda del nuevo chico del instituto y la "broma" acaba en tragedia, tal y como sucedía en la película.

Las nuevas Heathers

Este es el punto de partida de una serie que toma los elementos principales del clásico original y los replantea con un objetivo principal: provocar. Ninguna serie de adolescentes se ha atrevido antes a ir tan lejos. Convirtiendo a los marginados y las víctimas en bullies, 'Heathers' practica un progresismo que, en teoría, nos debería gustar: la diversidad y representación tiene que ser completa, y las minorías no deberían ocupar solo roles positivos, sino que también tienen derecho a ser villanos, psicópatas, matones o CEOs corruptos. Pero en la práctica, ¿hemos llegado ya a ese punto en el que podemos ridiculizar y frivolizar las diferentes luchas sociales, avances e identidades como hace 'Heathers' y quedarnos tan panchos? La respuesta es no. Si pretendían hacer una crítica social progresista, eligieron la manera más ofensiva e irresponsable de hacerlo.

Aunque su mensaje es muy débil y confuso, 'Heathers' parecía esgrimir el argumento que los conservadores utilizan para desacreditar el feminismo, la lucha por los derechos de la comunidad LGBT+ o contra el racismo: el uso de la corrección política como arma. La serie planteaba una realidad aumentada en la que hemos llevado nuestras reivindicaciones demasiado lejos, en cierto modo dándole la razón a los privilegiados que de repente se consideran víctimas o a aquellos que responden a cualquier crítica con un "macho, es que nos ofendemos por todo". Sí, es verdad que últimamente se le da la vuelta a cualquier cosa para sacarle el lado ofensivo, muchas veces cuando no lo tiene, pero al transformar la lucha social en un chiste, sin la inteligencia, capacidad satírica y autocrítica que sí tienen por ejemplo comedias como 'Girls', 'Atlanta', 'Broad City', o incluso 'Scream Queens' (con la que más tiene en común), 'Heathers' está echando más leña al fuego en lugar de apagarlo. Es decir, nos está pidiendo que no nos la tomemos en serio, para luego darnos mil razones para que lo hagamos.

Mejor olvidarnos de su existencia

La mayor (y quizá única) virtud de 'Heathers' es cosmética (al menos se salvan el apartado estético y la banda sonora), pero por lo demás, se trata de una serie llena de problemas, muchos de ellos insalvables. Es efectista y superficial, está muy mal contada, los personajes no son más que arquetipos deshumanizados y sin alma, el humor es fallido, y confunde provocación con simple ignorancia y falta de perspectiva ("Haremos que parezca un suicidio. ¿Puede haber algo más de moda?", "Su video de suicidio tiene 27 millones de likes y lleva muerta solo unas horas").

Unas Heathers muy distintas a las de los 80

El remake de 'Heathers' retrata una juventud desprovista de moralidad, hambrienta de fama, dispuesta a hacer cualquier cosa por unos likes. Y si bien esto es fiel a la realidad hasta cierto punto, no se puede simplificar con tanta insensibilidad a las nuevas generaciones. Porque en la vida real, por mucho que el liberalismo también pueda irse hacia el extremo, la estrella del equipo de fútbol no vivirá bajo la tiranía de los inadaptados y los ultraconservadores, homófobos, racistas y machistas nunca serán víctimas. En un momento del piloto, JD dice "Una generación entera educada para amar y aceptarse a sí misma incondicionalmente sin darse cuenta de que a veces un poco de odio hacia uno mismo es bueno para el alma", y ese es probablemente el mensaje que menos necesitamos ahora mismo.

Bajo la superficie de 'Heathers', hay una crítica social incisiva y provocadora que sus guionistas no supieron encontrar. Por muy actual que sea, aun no es el momento para esta serie, su nocivo mensaje y su falta de entendimiento de las nuevas generaciones. Intentar volver a la laxitud de los 80 tiene su atractivo y a todos nos vendría bien relajarnos un poco, pero seamos realistas, estamos en 2018 y hay que tener más conciencia. Adiós, 'Heathers', no nos dio tiempo a conocerte mejor, pero quizá sea mejor así.

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