Colin Firth es un tipo que cae bien. Es así de simple, no necesita demasiados recursos para conseguir disminuir la distancia entre la gran pantalla y la butaca de una sala de cine. No usa, ni mucho menos, artificios interpretativos grandilocuentes ni cae en el lado de la balanza destinado al exceso y la sobreactuación, se mantiene siempre firme en un modelo de trabajo basado, de forma casi exclusiva, en el saber estar, la elegancia y el puntual desenfreno controlado. Nada se escapa de sus límites.
Con apariencia siempre distraída, ensimismada y perdida en sus pensamientos, sus personajes, o la inmensa mayoría de ellos, se ubican en terrenos alejados del subrayado y la evidencia. Y sin embargo, Firth ha conseguido algo tan sumamente complicado como es escapar del siempre temible encasillamiento sin dejar de interpretar papeles ligeramente similares. Un auténtico logro que ha jugado un papel clave para convertirle en uno de esos actores respetados por la crítica, querido por la industria y admirado por el gran público.

En este especial, repasamos diez curiosidades sobre un actor que ha probado suerte en numerosos géneros cinematográficos, solventando cada una de las papeletas con ese oficio y talante tan característico. Colin Firth, el hombre tranquilo, el intérprete que nunca parece fallar, el talento como vehículo para alcanzar la naturalidad extrema y viceversa.