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'Jennifer's body', adolescencia sobrenatural

Óscar Martínez Miércoles 16 septiembre 2009

'Jennifer's body', adolescencia sobrenatural

Había cierta expectación alrededor de 'Jennifer's body', película que, a pesar de haber sido dirigida por la responsable de la infumable 'Aeon Flux'(Karyn Kusama), tenía dos atractivos completamente antitéticos aunque concominantes para el espectador: el primero, saber si la guionista Diablo Cody sería capaz de repetir la fórmula del éxito que le valió el Oscar al Mejor Guión Original en 2008 por la, para un servidor, sobrevalorada 'Juno'.

El segundo, cómo no, la escultural Megan Fox.

Por desgracia, 'Jennifer's body' pasa por ser un producto bastante inocuo, a pesar de las buenas intenciones de la también guionista de algunos episodios de la más que recomendable 'United States of Tara'. De este modo, el film dirigido por Kusama pretende revisar con mordaz ironía ese inocente terror adolescente tan propio de los ochenta deconstruyendo sus clichés y llevándolos hasta el extremo de lo risible, al mismo tiempo que vuelve a retratar, muy sucintamente, el paso de la adolescencia a la madurez de su verdadera protagonista, Amanda Seyfried.

'Jennifer's body', adolescencia sobrenatural

Y es que, más allá de su faústica historia de posesiones diabólico-vampíricas desencadenada por un grupo musical de estética emo, en el fondo 'Jennifer's body' no nos narra otra cosa que el diametralmente opuesto paso de la adolescencia a la madurez de los personajes interpretados por Fox y Seyfried, prototipos de cool y nerd respectivamente. Eso sí, bajo un trasfondo sobrenatural y con ciertas licencias gore accesibles a todos los públicos que, junto al recatado exhibicionismo de la coestrella de 'Transformers', harán las delicias de muchos, si es que uno tiene el listón verdaderamente bajo.

Fábula teenager en clave de terror, 'Jennifer's body' peca de una pretendida y pretenciosa doble lectura que hace aguas por todas partes, convirtiéndose en un espectáculo superfluo y previsible, con un humor que, en lugar de destilar esa supuesta ironía que cabría esperar de la ganadora de un Oscar, se aproxima en ocasiones más a la pataleta enrabietada que a esa crítica mordaz que pretende evocar, como si la ex-stripper reciclada a guionista mediática se hubiera servido de la escritura del film para perpetrar una suerte de vendetta personal.

Lo único rescatable de 'Jennifer's body', pues, es alguna que otra secuencia puntual relativamente lograda, algún que otro chiste más o menos mordaz dentro de la esnobista mediocridad general y, por supuesto, las exquisitas pinturas de Wayne Barlowe, apenas unos segundos de genialidad ajena en un conjunto más bien vulgar.

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