La mirada de Penélope Cruz tras descubrir el peso de la verdad estallando desde la pantalla de un ordenador. O su sonrisa cocinando una tortilla de patatas. La calma de Blanca Portillo tratando de domar los sentimientos de un personaje al borde de lo imposible. Y su manera de pasear. La vida en las manos de Petra Martínez. Y su forma de observar, tranquila y emocionada al mismo tiempo. Las manos entrelazadas de Emma Suárez. Y sus tiempos de espera, su vigilia y (re)encuentros.
El tono socarrón de Javier Bardem y ese cuerpo imponente meciéndose al compás del temible desequilibrio. La paciencia de Javier Gutiérrez en mitad del frío y el caos. Los ojos de Luis Tosar quebrándose de duda, arrepentimiento y miedo. La convicción de Eduard Fernández en cada nuevo salto al mar.

En los próximos premios Goya, no hay opción mala dentro de las categorías de Mejor actriz y Mejor actor. Hablamos de ocho interpretaciones maravillosas firmadas por estrellas patrias en pleno estado de inspiración. Por eso, y aunque el lado masculino parece más claro que el femenino, cualquier sorpresa rimará con la felicidad. Incluso si se sigue el guion previsto y no hay giros, también. Solamente buenas noticias, vaya.