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'El año que dejamos de jugar': Cuando Hitler robó el conejo rosa

Miguel Ángel Pizarro Viernes 13 noviembre 2020

Si había un relato relacionado con la Segunda Guerra Mundial que había que escuchar, ese era el de Judith Kerr. La autora británica escribió en 1971 su novela autobiográfica 'Cuando Hitler robó el conejo rosa', en el que narraba sus vivencias como hija de una familia de refugiados judíos, que huyeron de Alemania en 1933, para instalarse en el Reino Unido en 1935. Inicio de la trilogía del Conejo Rosa, ahora llega su adaptación cinematográfica, 'El año que dejamos de jugar', dirigida por Caroline Link, ganadora del Oscar por la aplaudida 'En un lugar de África'.

El año que dejamos de jugar

Realmente, 'Cuando Hitler robó el conejo rosa' no es una historia sobre la II Guerra Mundial o el Holocausto, pues la familia de Kerr huyó de Alemania en la semana previa de las elecciones que llevaron a Hitler al poder. Hija del afamado crítico teatral y periodista Alfred Kerr y de la compositora Julia Kerr, su relato muestra cómo su padre intuía qué iba a pasar en cuanto el líder nacionalsocialista llegase al Reichstag y cómo antes de las elecciones, todos huyeron a Suiza.

Con lo cual, se narra una huida anterior a la guerra que comenzó seis años después, lo que permite a Link, que coescribe el guion junto con Anna Brüggemann, hacer un retrato del tiempo convulso que vivía Europa a inicios de los años 30, en la que los judíos no eran bienvenidos tampoco en otros países. Sin embargo, la cineasta decide mantenerse fiel al espíritu de la novela, centrando buena parte de la trama en la mirada de la pequeña Anna, interpretada estupendamente por Riva Krymalowski.

El año que dejamos de jugar

Una adaptación a la altura de la novela original

Y es en esa mirada infantil lo que hace que 'El año que dejamos de jugar' logre tener un cariz diferente, al enfocar la historia en lo que viven los dos hijos del matrimonio protagonista, llamado Kemper en la ficción. Aunque la situación era tremendamente dramática, es interesante ver la adaptabilidad de los niños, capaces de encontrar esperanza y futuro allá por donde pasan, como sucede en Suiza y, posteriormente, en París. Es interesante ver cómo, pese que a la huida, los niños mantienen su inocencia, pues es la realidad previa a lo que pasó antes la Shoá -la huida se produjo un año antes de la Noche de los Cuchillos Largos y cinco años antes de la Noche de los Cristales Rotos, acontecimientos previos a la Segunda Guerra Mundial-.

Gracias a ese toque infantil, 'El año que dejamos de jugar' es un filme de época notable, un testimonio con el que Link muestra su habilidad para narrar dramas a través de la mirada de los niños, un ejercicio nada sencillo, pues es todo un arte saber calibrar las situaciones dramáticas para poder conectar tanto con el público adulto como con el infantil. En ese ejercicio, la cinta recuerda a otra estupenda propuesta, 'Una bolsa de canicas', también narrada desde la mirada de los hijos de una familia judía. Una adaptación a la altura de la obra de Kerr.

Nota: 7

Lo mejor: La interpretación de la niña protagonista, Riva Krymalowski.

Lo peor: Se echa en falta una mayor inversión, su diseño de producción flojea, especialmente cuando toca retratar el París de los años 30. Se hubiera agradecido una coproducción con Francia.

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