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'Avatar: El sentido del agua' es la experiencia cinematográfica del año, una maravilla técnica con alma

Pedro J. García Martes 13 diciembre 2022

Dicen que la paciencia es una virtud y James Cameron ha hecho de ella una filosofía de vida y trabajo. El director de 'Terminator' y 'Titanic' consiguió en 2009 el mayor éxito de su carrera con 'Avatar', que acabaría convirtiéndose en la película más taquillera de todos los tiempos ('Vengadores: Endgame' le arrebató el título momentáneamente, pero lo recuperó fácilmente con un reestreno en salas). Evidentemente, tras aquel pelotazo, que supuso una auténtica revolución tecnológica y puso de moda el 3D, el estudio dueño de la película, 20th Century Fox (ahora propiedad de Disney), le pidió una secuela inmediatamente. Pero Cameron no se toma ningún proyecto a la ligera y, para hacer una continuación de algo tan visionario y puntero necesitaba llevarlo un paso más allá. Algo para lo que el cine todavía no estaba preparado.

Jake y Neytiri

En los años posteriores, Cameron se dedicó a estudiar la tecnología y a explorar el fondo del océano en expediciones que se convirtieron en una pasión personal, y que acabarían influenciando enormemente a la secuela de 'Avatar'. Tras más de una década de gestación, el 16 de diciembre por fin llega a los cines de todo el mundo el resultado de tamaña empresa, 'Avatar: El sentido del agua', lista para cumplir la promesa de Cameron de superar a la primera en cuanto a ambición y despliegue visual. Y la confianza (o fanfarronería, según se mire) con la que el director habla de la película está más que justificada, porque con esta secuela, Cameron alcanza nuevas alturas (o quizá sea más apropiado decir nuevas profundidades) para regalarnos imágenes nunca vistas -y sentidas- a tal nivel en una pantalla de cine.

'Avatar: El sentido del agua' transcurre aproximadamente 15 años después de los acontecimientos de la película original. Jake Sully (Sam Worthington) está completamente asentado como líder de su clan Na'vi en Pandora y en estos años ha formado una familia numerosa con Neytiri (Zoe Saldaña), junto a la que está criando a cinco hijos, tres biológicos y dos adoptados (básicamente son los Brad Pitt y Angelina Jolie de Pandora). Ser padres hace que el riesgo aumente para la pareja, que ahora no solo se enfrenta a los enemigos que siguen amenazando con destruir su planeta, sino también al miedo de perder lo que más quieren. Su relativa paz se ve interrumpida con el regreso de Quaritch, que vuelve como Na'vi tras morir en la primera entrega. Si en 'Avatar', el villano encarnado por Stephen Lang se movía por la codicia por los recursos de Pandora y las ansias de poder, en esta ocasión, su motivación principal es la venganza. Esto lleva a Jake y Neytiri a huir de su hogar para proteger a los suyos, solicitando refugio en un clan Na'vi que vive en el océano. Pese a la reticencia inicial de sus nuevos anfitriones, y sin perder ojo de la amenaza que los persigue, la familia de forasteros acabará siendo bienvenida en esta comunidad acuática, donde aprenderán a adaptarse a su modo de vida y descubrirán una faceta desconocida de la hermosa naturaleza de Pandora.

Desde el primer momento que volvemos a este imaginativo y detallado universo y surcamos el aire sobre sus preciosos paisajes junto a Jake y Neytiri, los ojos se salen de las órbitas. Si la primera 'Avatar' fue un shock en su momento gracias al 3D y unos efectos visuales que aun aguantan en 2022 (hay blockbusters actuales con peores efectos), 'El sentido del agua' alcanza un nivel literalmente increíble. A la retina le puede costar un poco hacerse al realismo y la nitidez de sus imágenes, pero una vez dentro, el asombro no cesa a lo largo de las más de tres horas de metraje que dura la película, en las que Pandora cobra exuberante vida en cada rincón. Si hay una expresión para definir 'Avatar: El sentido del agua' sería "experiencia inmersiva". Experiencia, porque esto es algo más que cine, es una película que se vive en primera persona y con los cinco sentidos, e inmersiva porque nos invita a entrar de cabeza y a no salir hasta que llegan los créditos finales. Para cuando termina, podemos decir que hemos estado realmente en Pandora.

El océano de Pandora

Pero es que, cuando nos zambullimos por primera vez al océano de Pandora, esa experiencia se vuelve completamente abrumadora. Aquí es donde Cameron vuelca su obsesión por el océano y hace que la película trascienda el mero alarde tecnológico para convertirse en algo muy personal. Buceando con los personajes se puede sentir la pasión del cineasta, no solo por lo que nos está mostrando (empapado de lo que él mismo ha vivido y pasado por el filtro de la imaginación más salvaje), sino también por lo que cuenta, alcanzando cotas de belleza visual que también guardan un peso emocional considerable.

Uno de los puntos de discordia con respecto a la primera 'Avatar' fue su historia. Si bien todo el mundo se puso de acuerdo en alabar su incontestable apartado técnico y visual, fueron muchos los que criticaron a Cameron por contar algo muy poco original. Las comparaciones con 'Pocahontas', 'Bailando con lobos' o 'FernGully' aparecieron rápidamente y permanecieron a lo largo del tiempo para desacreditar al film. Sin embargo, lo que en su día se vio como falta de originalidad, hoy se puede recontextualizar como una historia simple y eficaz que recogía lugares comunes de las historias sobre colonialismo que tantas veces se habían contado antes y se contarían después ('Black Panther: Wakanda Forever', sin ir más lejos). Pero eso es otro debate. Valoraciones aparte sobre si fuimos injustos con Cameron por el guion de 'Avatar' o no, lo cierto es que con 'El sentido del agua', el director toma un nuevo camino narrativo, con un argumento más complejo, emocionante y propio.

Aunque mantiene esa sencillez relativa que caracteriza a sus proyectos y los hace tan eficientes y accesibles, Cameron ramifica la historia de Jake y Neytiri usando a sus hijos para abrir tramas que marcarán sin duda el futuro de la saga. Este es otro de los aspectos en los que se puede sentir al ser humano que hay detrás del genio visionario, ya que como él mismo ha reconocido en múltiples ocasiones, se inspiró en su propia experiencia como padre de adolescentes para escribir este capítulo de la saga de Pandora. Así, acompañamos a la nueva generación Na'vi, los hijos de Jake y Neytiri, iniciando sus respectivos viajes personales, enmarcados en esa tensión universal entre padres e hijos, el choque entre el instinto de protección de los primeros y la necesidad de rebelarse en busca de la identidad propia que experimentan los segundos. El resultado es una película familiar en todos los aspectos, para toda la familia y sobre la familia.

La familia de 'Avatar'

En este sentido, tenemos que destacar la labor interpretativa del reparto, que también se lleva a un plano superior. Aunque cuando se estrenó la primera película ya estábamos familiarizados con la captura del movimiento gracias al trabajo de Andy Serkis en 'El Señor de los Anillos', lo cierto es que no se apreció lo suficiente hasta qué punto, debajo de esas criaturas digitales azules, había seres humanos actuando, prestándoles sus gestos y emociones. Más de una década después tenemos las herramientas y el conocimiento necesario para alabar el desempeño de Worthington y Saldaña, que entregan todo su ser a Jake y Neytiri. En el transcurso entre la primera y la segunda entrega, ambos actores han sido padres y han formado sus respectivas familias, saltando a la vista que, al igual que Cameron, también han canalizado su propia experiencia para dar vida a sus personajes en esta nueva fase de sus vidas. Worthington es todo empaque y determinación en su papel como líder y padre protector; pero Saldaña destaca especialmente con una interpretación desgarrada y visceral, que volverá a poner sobre la mesa el debate de si las interpretaciones por captura de movimiento merecen reconocimiento de los premios (spoiler: lo merecen).

Mención aparte merece Sigourney Weaver, que vuelve a la saga interpretando a un nuevo personaje, Kiri, después de que su doctora Grace Augustine muriese al final de la primera entrega. A sus 73 años, Weaver da vida a una adolescente de 14 años, híbrido Na'vi y humano, para la que la actriz de 'Alien, el octavo pasajero' pasó mucho tiempo con adolescentes para emular su gestualidad y su forma de comunicarse, lo que fusionó con su propio recuerdo como adolescente en un trabajo fascinante que ejemplifica una vez más las posibilidades de la técnica del motion capture. Kiri es -junto a Lo'ak- el personaje que mejor conecta con las nuevas generaciones y que mejor representa el mensaje ecológico y de comunión con la naturaleza que vertebra la saga y bombea especialmente esta secuela. Aunque está claro que solo hemos rozado la superficie de su potencial, su personaje acaba adquiriendo bastante importancia en la película y ayuda a extender la mitología de Pandora, apuntando a un futuro de lo más interesante en la saga.

Una película que pide volver al cine y al 3D

Si hubiera que sacarle algún defecto a la película es que, con más de tres horas de duración, la última hora puede resentirse y el clímax se alarga demasiado, corriendo el riesgo de agotar al espectador. Además, la frenan impulsos que se repiten con respecto a la primera entrega y que, por momentos, pueden provocar déjà vu (al fin y al cabo, el villano es el mismo y el conflicto humanos vs. Na'vi por los recursos de Pandora, también). Por no hablar de que ese tercer acto es un homenaje directo a 'Titanic', lo que puede suponer un aliciente o un defecto según las perspectiva desde la que se mire. Y hablando de 'Titanic', el tan publicitado reencuentro de Cameron con Kate Winslet se queda un poco a medias, con un personaje al que no se le saca mucho provecho. Algo que también le ocurre al hijo humano de Jake y Neytiri, Spider (Jack Champion), cuya trama a lo Mowgli de Pandora quizá necesitaba más trabajo.

Por otro lado, el Cameron más conservador emerge en su tratamiento de Jake, que hace que la película -a pesar de sus habituales fuertes heroínas, guerreras que lo dan todo y luchan embarazadas- insista demasiado en la idea del padre como protector y cabeza de familia; instintos patriarcales que nos hablan de una familia muy tradicional, pero que, sin embargo, se pueden entender cuando recordamos que, a su manera, Cameron está contando su propia historia como padre, pasada por el filtro Na'vi.

'Avatar: El sentido del agua'

Con todo, 'Avatar: El sentido del agua' es una experiencia casi redonda a todos los niveles. Un espectáculo de ciencia ficción lleno de imágenes de desbordante belleza, poesía medioambiental, texturas que se pueden palpar y escenas de acción de gran contundencia y vigor. Un logro monumental que, a pesar de apoyarse tanto en la tecnología, no descuida el sentimiento y encuentra el corazón de su historia. Por todo esto, esta secuela logra superar a la primera película. Cameron tenía razón cuando decía que daba igual cuándo fuéramos al baño, porque íbamos a querer verla otra vez. Ese es el efecto de 'El sentido del agua', cine evento que se debe ver en las mejores condiciones posibles (la mejor sala, la pantalla más grande, y sí, en 3D), y que tiene el poder de borrar cualquier atisbo de duda hacia Cameron y el futuro de esta saga. Palabra de un escéptico convertido.

Nota: 9

Lo mejor: La experiencia sensorial sin igual que ofrece, las interpretaciones y que, esta vez, la historia esté más a la altura de la técnica y deje con ganas de más.

Lo peor: Aunque es casi siempre entretenida, con esas más de tres horas de duración, puede hacerse bola al final. Cierta repetición de esquemas que resta frescura. Desaprovecha a Kate Winslet.

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