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'El cuarto pasajero': Frenético viaje en BlaBlaCar

Miguel Ángel Pizarro Viernes 28 octubre 2022

Los avatares del destino (mejor dicho, de la pandemia) han hecho que Álex de la Iglesia, cinco años después de hacer doblete con 'El bar' y 'Perfectos desconocidos', repita la jugada. Si en abril, convirtió a la bella Venecia en el escenario ideal para una película de terror en 'Veneciafrenia', ahora aprovecha para hacer que un aparentemente mundano viaje en BlaBlaCar se convierta en una frenética comedia a todo gas con 'El cuarto pasajero', con la que el cineasta bilbaíno juega con las convenciones propias de la comedia romántica.

El cuarto pasajero

La premisa es aparentemente sencilla, Julián, un conductor cincuentón, quien dice ser un ejecutivo de altas tecnologías, realiza todos los fines de semana un trayecto como con su coche a través de una aplicación de vehículo compartido, viajando desde Bilbao a Madrid. Suele tener una copiloto habitual, Lorena, quien viaja para ver a sus padres. Sin embargo, lo que apuntaba a ser un desplazamiento habitual termina derivando en una loca y extrema road trip, que De la Iglesia opta por narrar de manera clásica, añadiéndole su popular toque autoral.

Desde la presentación de personajes, el realizador, quien firma el guion junto con Jorge Guerricaechevarría, muestra un ritmo apresurado, entrando de lleno en la historia gracias unas escenas que reflejan muy bien las personalidades de los cuatro protagonistas, con Alberto San Juan convertido en un hombre maduro que busca tener el control de la situación en cada momento; con Blanca Suárez como una joven a la que le cuesta expresar sus propios sentimientos; con Ernesto Alterio como una caradura de manual y con Rubén Cortada convertido en el guapo alternativo que busca vivir de la sopa boba.

El cuarto pasajero

Un cuarteto de actores magnífico

El viaje de De la Iglesia va in crescendo, aunque con pausas que permiten tomar impulso a un ritmo que termina convirtiendo un atasco en la M-30 en una secuencia de acción llena de frenesí. Realmente, su primera parte es tremendamente divertida, con un humor socarrón y unas secuencias a la altura de la comedia ácida del cineasta. Es verdad que, realmente, se trata de una comedia romántica. Eso sí, De la Iglesia lleva a su terreno el género, lo que provoca que se sienta que se está ante una relato propio del universo del bilbaíno.

El cuarto pasajero

Ayuda también a entrar en ese mundo su cuarteto de actores, especialmente Ernesto Alterio y Alberto San Juan. Ambos representan a dos personajes completamente contrapuestos. El primero vuelve a mostrar su afinidad por papeles desagradables, como el que tuvo en 'Perfectos desconocidos', mostrando su lato interpretativo al transmitir esa constante sensación de estar ante un tipo insoportable, con comentarios de cuñado trasnochado y cuyo carisma está en cómo es capaz de llevar al límite al resto. A ello se le suma que tiene un trasfondo misterioso, que lo convierte en el auténtico vector de la trama. El segundo trae ese toque inocentón que ya mostró tener en 'Gran Reserva: El origen' y que le viene a la perfección a Julián. Eso sí, se nota la amistad de años de los actores, pues comparten secuencias extremas y brutales donde desprenden una química tremendamente espontánea.

Quizás, el problema principal de 'El cuarto pasajero' es una segunda parte tan caótica, que da la impresión de que la historia termina quedando en un plano aparte, hasta el punto de dejar la sensación de que no se sabe cómo finalizar este loco viaje en coche. Eso sí, no quita que se está ante el mejor trabajo de De la Iglesia desde 'Perfectos desconocidos', en la que vuelve a demostrar que el cineasta se ha convertido en un estupendo director de actores. A ello se le suma que sabe mantener enganchado al espectador, gracias a unas secuencias de humor bien ejecutadas y a un comienzo propio de una montaña rusa. Sin duda, los viajes en BlaBlaCar toman otro significado con Álex de la Iglesia.

Nota: 6

Lo mejor: Su primera parte, que atrapa de lleno al espectador y tiene escenas con un humor muy negro y tronchante.

Lo peor: Su desenlace deja un terrible sabor amargo, al sentirse excesivamente precipitado.

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