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'El glorioso caos de la vida (Babyteeth)': Lo que pudo ser y no fue

Alberto Frutos Viernes 21 agosto 2020

No se trata tanto de tratar de alcanzar una meta como de tener clara la manera en la que se intentará hacerlo. En el caso de 'El glorioso caos de la vida (Babyteeth)', el objetivo final parece evidente, trazar el mapa vital de una adolescente gravemente enferma durante una etapa marcada por el amor, la incomprensión, el miedo y la rebeldía, pero el modo utilizado para ello se queda mucho más cerca de la decepción que del triunfo. ¿La razón principal? Un guion firmado por Rita Kalnejais, elaborado y ejecutado previamente como obra de teatro, al que las costuras le explotan de pura incontinencia melodramática, desnudando la esencia real que late en su historia: otro romance adolescente con enfermedad como elemento clave y desestabilizador.

 'El glorioso caos de la vida (Babyteeth)'

Y es que, una vez se descubre el truco, 'El glorioso caos de la vida' se erige como una especie de variación indie de propuestas (superiores) como 'Bajo la misma estrella', 'Un paseo para recordar', 'Elegir un amor' o 'Restless (Sin descanso)', cuatro estupendos ejemplos del género que, al menos, iban de frente desde el primer momento, orgullosas de ser películas que buscaban la lágrima del espectador con todas las armas que tenían disponibles. Sin embargo, el debut en el largometraje de la cineasta australiana Shannon Murphy parece evitar a toda costa aceptar su verdadera identidad, utilizando para ello un montaje desordenado y atropellado, recursos visuales más estridentes que estimulantes y un dudoso gusto por el grito, la furia y el subrayado.

En este sentido, sobresale de forma negativa un primer tramo donde la confusión se apodera por completo de la historia, siendo prácticamente imposible entender los comportamientos y actitudes de los distintos personajes que van apareciendo en pantalla, especialmente los correspondientes a una pareja protagonista cuyo primer encuentro resulta tan forzado como incomprensible. A partir de ahí, con las piezas del rompecabezas tiradas por el suelo, lo que queda es tratar de encontrar pequeños destellos de luz en mitad del (poco glorioso) caos, pilares que mantengan más o menos a flote una propuesta obsesionada con el traspiés voluntario. Y la buena noticia es que se encuentran. Pocos, sí, pero ahí están.

 'El glorioso caos de la vida (Babyteeth)'

Tablas de salvación llamadas Eliza, Ben y Essie

El primero y más evidente de todos ellos es Eliza Scanlen, actriz que confirma aquí el talento que ya le podíamos intuir en esa obra maestra llamada 'Mujercitas' y, sobre todo, en 'Heridas abiertas', espléndida serie en la que salía airosa de un cara a cara con la mismísima Amy Adams. En su mirada, perdida y enamorada, desafiante y enloquecida, asustada y resignada, habita la virtud más destacada de 'El glorioso caos de la vida (Babyteeth)'. Una gran interpretación repleta de sutileza, inspiración y equilibrio.

A su lado, conviene celebrar la presencia siempre agradecida de Ben Mendelsohn, infalible, y la entrega absoluta de una Essie Davis que entrega aquí su mejor interpretación, de lejos, desde el inolvidable recital que nos brindó en la fantástica 'Babadook'. Dos trabajos que elevan a sus correspondientes personajes más allá del tópico, aportando la dosis exacta de humanidad y fragilidad a un padre y una madre con los que, al fin, se genera algo parecido a una conexión. Menos afortunado está Toby Wallace, sorprendente ganador del premio a Mejor actor emergente en la última edición del festival de Venecia, quien ofrece un trabajo siempre pegado al exceso y la intensidad desmedida.

 'El glorioso caos de la vida (Babyteeth)'

En definitiva, 'El glorioso caos de la vida (Babyteeth)' termina resultando una propuesta más bien fallida, lastrada por una serie de decisiones artísticas que la alejan de lo que podría haber sido, un notable melodrama de cierto corte clásico con la efervescencia de un amor adolescente, y la terminan arrastrando hasta la fría orilla de la indiferencia. Queda, eso sí, un conjunto de interpretaciones muy por encima del resto de elementos presentes en la película y un sabor final más dulce que agrio fruto de un epílogo capaz de condensar toda la emoción, poesía y sensibilidad que permanecen invisibles en los cien minutos previos. Es en esa última escena, bañada por la melancolía de un mar que se antoja otoñal, donde 'El glorioso caos de la vida (Babyteeth)' alcanza su mayor fuerza, demostrando que en su interior siempre latió una gran película. Lástima que solamente nos quede una preciosa despedida como recuerdo y certeza de lo que pudo ser y no fue.

Nota: 5

Lo mejor: Eliza Scanlen, Essie Davis, Ben Mendelsohn y su memorable epílogo.

Lo peor: Un ritmo lleno de baches, descontrol narrativo durante gran parte del metraje y un romance que nunca termina de atrapar.

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