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CRÍTICA

'El hijo del acordeonista': Esencia vasca con sabor descafeinado

Crítica de la nueva película de Fernando Bernués, basada en la novela de Bernardo Atxaga, que llega a la gran pantalla tras su adaptación a los escenarios.

Por David Pérez Mingo 12 de Abril 2019 | 11:20

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Fernando Bernués vuelve a la gran pantalla casi 15 años después de su anterior película, 'Enséñame el camino, Isabel', para traernos una de las obras que han marcado su carrera como director. 'El hijo del acordeonista' es su segunda película, y se podría decir que el vasco ya está más que familiarizado con esta historia. Bernués ya adaptó esta novela original de Bernardo Atxaga al teatro hace más de seis años en Madrid, con una producción en la que participaron varios de los actores que ahora aparecen en la cinta.

'El hijo del acordeonista'

La película nos cuenta la historia de dos amigos, David y Joseba. El primero vive en California con su mujer Mary Ann y sus dos hijas, en un ambiente idílico, casi paradisiaco. El segundo vive en España, con un pasado que todavía a día de hoy le persigue. Sin embargo, cuando se entera de que David está en un hospital y le quedan apenas unos días de vida, Joseba toma la decisión de volar hasta Estados Unidos con el objetivo de despedirse. Durante su estancia, Joseba descubrirá las memorias de su amigo, unas memorias que harán remover un pasado lleno de traición, culpabilidad y drama, mucho drama.

La esencia del pasado vasco

Precisamente el pasado es uno de los grandes fuertes de la cinta de Bernués. 'El hijo del acordeonista' hace un retrato fantástico y realista de lo que fue la sociedad rural vasca durante la dictadura franquista y tras la muerte del dictador. La película se enmarca en su contexto social y no tiene reparos en realizar un cuadro social de la época y el lugar elegidos desde un lugar cercano. En ningún momento llega a perder su esencia histórica y regional, esencia que ya venía heredada de la obra literaria de Bernardo Atxaga. Además, cuenta la lucha armada del pueblo vasco desde el propio pueblo vasco y desde la perspectiva de gente que, con sus más y sus menos, pertenecen a la misma región. Un telón de fondo que funciona de manera notable.

Pero no es la única esencia que se mantiene a lo largo de la película. La cinta está rodada en su totalidad en localizaciones del País Vasco y Navarra (incluyendo las partes que se sitúan en California). El hecho de que no pierda su esencia vasca ni detrás de delante de las cámaras hace que la película se refuerce, con un reparto (casi) enteramente vasco. El concepto de tierra vasca es algo que está muy arraigado en la película, y eso es algo que se puede notar tanto en cada uno de los planos de la cinta de Bernués.

'El hijo del acordeonista'
 

Del libro a la pantalla

Es muy palpable que la película es una adaptación de la obra de Bernardo Atxaga. A pesar de que consigue recoger esa esencia de la que hablábamos anteriormente, es cierto que hay partes que pueden resultar demasiado literarias o novelísticas como para adaptarlas a la gran pantalla. Algunas escenas de la cinta, que están sacadas de la novela, sí han superado la barrera de lo cinematográfico, mientras que otras se han quedado con esa esencia literaria que no termina de cuadrar en una película. Por otro lado, una de los elementos a destacar es su estructura narrativa. La cinta está estructurada en tres capítulos, diferenciados con diversos títulos, que no están equilibrados y unificados de una manera correcta, haciendo que dé sensación de desunión.

Por otra parte el apartado técnico no deja de ser una delicia, y de esto tiene gran responsabilidad Fernando Bernués. Conocedor de la obra original y responsable de su adaptación al teatro, Bernués logra plasmar la historia vasca a la ficción de una manera considerable en el apartado técnico. En gran parte esto se debe a una fotografía que no niega su nacionalidad y aprovecha cada recurso; y a una música de Fernando Velázquez (compositor de 'El orfanato', 'Lo imposible' y 'Un monstruo viene a verme') que nos traslada a esas tierras vascas que tanto podemos observar en la cinta. Además, 'El hijo del acordeonista' logra el objetivo principal de cualquier cinta: entretener (en algunas partes más que en otras, pero lo logra).

La historia

Asimismo la historia logra una resolución descafeinada. Lo más importante que podemos sacar de la cinta y el mensaje que hace difundir es ese sentimiento de traición, dolor y culpa, representados en el personaje de Joseba, personaje que transmite la carga emocional de la cinta. Joseba lucha a través de los años con el dolor de una amistad rota por un contexto social colérico y con la culpa de haber tomado ciertas decisiones en el pasado que le han llevado hasta un futuro indigno. En cambio, el guion de la cinta tiene grandes momentos de brillantez, a la par que en ocasiones encontramos escenas que no logran cuadrar con el resto de la historia, una historia que termina resultando debido a esto algo descafeinada.

'El hijo del acordeonista'

En el apartado interpretativo, la mayoría de los actores realizan un trabajo solvente y notablemente acertado. Entre ellos destaca Joseba Apaolaza, que curiosamente resulta ser uno de los pocos actores que pertenecieron tanto a la adaptación teatral como a la película. Aunque en la obra teatral Apaolaza interpretaba al personaje de David, en la cinta de Bernués se ha convertido en Ángel, el padre del protagonista, del cual realiza una interpretación deslumbrante que termina por emocionar. El actor logra que su personaje, a pesar de no aparecer en gran medida en la cinta, se quede en la memoria. Por otro lado, es imposible no destacar a Cristian Merchan, cuya interpretación del David adolescente protagoniza la mayor parte de la cinta y que realiza un trabajo excepcional.

Para concluir, se podría decir que 'El hijo del acordeonista' es una obra que logra resultar interesante y bien llevada, en parte gracias a su concepto de tierra vasca tan arraigado, a varias de sus interpretaciones muy destacables y un retrato social bien enmarcado y tan cercano como necesario. Sin embargo, la película no termina de resultar redonda, debido a una incorrecta elección de elementos adaptables, un guion que por momentos se luce, y una no tan acertada adaptación de escenas del libro original.

Nota: 6

Lo mejor: Su arraigado sentimiento vasco y sus interpretaciones.

Lo peor: Que no termina de resultar creíble en ciertas ocasiones y la incorrecta adaptación de ciertos fragmentos.