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'El niño que pudo ser rey' y eligió ser caballero para recordarnos las cosas más básicas

Berta F. del Castillo Viernes 15 marzo 2019

Ni las más potentes gafas de la inocencia podrían conseguir que los adultos de la sala terminasen de pasar por el aro. Demasiadas veces hemos escuchado la misma leyenda, demasiado trillado está un cuento que sin embargo, es más necesario que nunca. Nos lo sabemos de memoria, pero hemos olvidado lo que quiere que aprendamos. Porque al final para eso están los cuentos, para enseñar a las mentes jóvenes e impresionables ciertos valores que recuperados en la etapa adulta pueden hacer de este nuestro mundo un lugar mejor. 'El niño que pudo ser rey' no aspira a más, ese es su objetivo: divulgar de nuevo ciertos conceptos para que no permanezcan ajenos a las nuevas generaciones en este mundo cada vez más frío; y hacerlo de una manera atractiva y sólida que resuene en su público objetivo.

 Louis Ashbourne Serkis en 'El niño que pudo ser rey'

En este sentido la modernización de la historia de Arturo y sus caballeros no está nada mal. Alex (Louis Ashbourne Serkis), huyendo de dos matones de su colegio, se encuentra a Excálibur en una obra abandonada y saca esta espada de la piedra, siendo reconocido como el legítimo Rey de un Reino inexistente, que se perdió en los anales de la leyenda y en la división de una sociedad que ya no entiende de caballería. Entonces un puñado de soldados del averno aparecen en su búsqueda por orden de Morgana, hechicera que sigue empeñada en hacerse con el trono. Así lo de formar equipo se vuelve una cuestión del momento y Alex, termina nombrando caballeros a su mejor amigo Bedders (Dean Chaumoo) y a esos mismos niños que le hacen la vida imposible a diario: Lance y Kaye (Tom Taylor y Rhianna Dorris).

La historia es una bomba de posibilidades educacionalmente hablando y las cosas como son, Joe Cornish las aprovecha todas. Este cineasta, conocido por 'Attack the Block' y su trabajo como guionista en 'Ant-Man' o 'Las Aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio', escribe y dirige la moraleja andante que es esta película que consigue transmitir mucho saturando muy poco. La sencillez siempre es una prioridad para esta fábula a la que abrazar dicho mantra no le impide dejar claro que hoy en día comemos basura, no usamos nuestras piernas y nos dejamos vencer por un sentimiento fatalista que lo domina todo. ¡Salvemos a la próxima generación! Parece gritar. Y esta sería una misión más que encomiable.

 Tom Taylor, Rhianna Dorris, Dean Chaumoo y Louis Ashbourne Serkis en 'El niño que pudo ser rey'

Como líder de la mencionada empresa encontramos al Merlín duplicado al que dan vida Angus Imrie y Patrick Stewart, dos actores en perfecta sincronía desde el momento en que descubrieron un espejo en la cara del otro recitando simultáneamente cierto pasaje de Shakespeare que ambos se sabían de memoria. Así este moderno Merlín recurre a la figura autoritaria de Stewart cuando el momento educacional es absolutamente directo y a la camaradería de Imrie cuando el colegueo y la comedia es lo que toca. Una de cal y otra de arena muy bien representadas de la mano de estos actores cuyo excelente trabajo los transforma en una sola persona.

Este ejercicio de coordinación actoral es lo más interesante que encontramos en la propuesta de Cornish interpretativamente hablando, porque Rebecca Ferguson apenas tiene margen para lucirse, por lo que su Morgana pasa sin pena ni gloria muy de puntillas al lado de un equipo infantil que funciona a las mil maravillas. Especialmente en el caso de Serkis, un joven actor que mezcla en su personaje esas consecuencias del cinismo imperante en la sociedad actual y los rescoldos de la fantasía que aún reina en los rincones más amables de su mente. Como contrapartida cómica Chaumoo equilibra este dueto con algún chascarrillo resultón y otros que no lo son tanto, pero consiguiendo en definitiva una complicidad que fundamenta la base de todos esos acontecimientos locos que no dejarán de sucederse en el momento en que decidan abrazar lo imposible.

 Patrick Stewart y Rebecca Ferguson en 'El niño que pudo ser rey'

Mucha inocencia para un cuento clásico

No es que las aventuras no tengan cabida en el cine actual, es que hoy en día no suelen ir acompañadas de una inocencia tan marcada, ni de una estructura tan clásica. Así la combinación de ambas tiene las de perder frente a relatos más potentes como es el caso de 'Aquaman', otra versión modernizada de la historia del Rey Arturo. Y es que el viaje del héroe protagonizado por Jason Momoa abraza el lenguaje audiovisual actual, el ritmo al que se han acostumbrado los espectadores más jóvenes y el atractivo estilo que termina de redondear aquellos blockbusters destinados a romper la taquilla. Con esta propuesta, evidentemente más humilde, Joe Cornish no acaba de hablar el mismo idioma que su público objetivo, más joven que aquel al que se dirigiese la propuesta de James Wan, pero también más despierto de lo que Cornish parece haber apreciado.

A pesar de esta narrativa, 'El niño que pudo ser rey' es una película familiar disfrutable que, aunque se deje por el camino a los niños menos pacientes, logrará conquistar a gran parte de los espectadores más jóvenes gracias a sus momentos cómicos y esa camaradería que desprende este inesperado cuarteto de caballeros. En cuanto al público adulto, la nostalgia del rollo ochentero Goonies quizá despierte una sensación de familiaridad y divertimento como para amenizar las 2 horas que dura esta propuesta... Pero no prometemos nada.

Nota: 6

Lo mejor: El mensaje que transmite camuflado de aventura.

Lo peor: Que su inocencia y ritmo pausado pueda dejarse a algún espectador por el camino.

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