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CRÍTICA

'Memorias de París': Un año, una noche

Crítica de 'Memorias de París', dirigida por Alice Winocour, escrita por Winocour, Jean-Stéphane Bron y Marcia Romano. Protagonizada por Virginie Efira, Benoît Magimel y Grégoire Colin.

Por Miguel Ángel Pizarro Más 11 de Noviembre 2022 | 09:29
Colaborador de eCartelera. Apasionado del cine y la cultura en general. Cine europeo y de animación, mi especialidad.

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'Memorias de París': Un año, una noche

Hace relativamente poco, Isaki Lacuesta deslumbraba con su sentido homenaje a las víctimas del ataque terrorista a la Sala Bataclan de París en 2015 con la formidable 'Un año, una noche'. Coincidiendo en año (mas no en presentación, ya que el film protagonizado por Nahuel Pérez-Biscayart y Noémie Merlant se vio en Berlín, mientras que esta propuesta se vio en la Quincena de Realizadores de Cannes), llega a salas comerciales 'Memorias de París', con la que Alice Winocour también rinde tributo a las víctimas de los atentados, aunque enfocada en aquellos que estaban disfrutando de la noche en uno de los bistrós que fueron objetivo de los terroristas.

Memorias de París

'Memorias de París' comienza con la rutina de Mia, una intérprete y traductora de ruso que colabora con Radio France en varios programas, además de ejercer de intérprete para convenciones, reuniones y demás actos diplomáticos. Tras una cena con su novio, de la que él se va alegando una urgencia en el hospital, dado que es médico, la mujer decide irse a otro bistró para matar el rato, trabajando fuera de casa, como hacen muchos autónomos. Aquí, la cineasta crea una serie de secuencias que transmite cotidianidad y que logra crear conexión con su protagonista.

Precisamente gracias a ese prólogo, la cineasta provoca mayor horror cuando irrumpe la tragedia, de cómo el mero acto de tomarse un café y repasar el trabajo en una mesa de un bistró, con gente que celebra un cumpleaños, con amigos que se reúnen para cenar, con turistas que disfrutan de su estancia en París, de parejas que comparten un momento íntimo, se transforman en algo terrible cuando irrumpen terroristas provocando un tiroteo, que Winocour se encarga de que sea un acto seco que remarca lo violento que resulta, cual cuchillada sangrienta en una habitación blanca.

Memorias de París

La cineasta retrata la brutalidad y lo inhumano del suceso y lo convierte en una experiencia traumática que inicia siendo individual y que termina siendo colectiva. Es aquí donde la cineasta, quien firma el guion junto con Jean-Stéphane Bron y Marcia Romano, muestra una mirada humanista digna de aplauso a la hora de ir creando lo colectivo desde la experiencia personal. Comienza con Mia, quien padece de amnesia postraumática, al no recordar qué pasó tras el inicio de los disparos y quien busca saber qué ocurrió para poder sanar la herida psicológica que tiene, así como para poder pasar página. Y es ahí donde Winocour explora las diferencias secuelas que deja un atentado en los supervivientes y en los seres queridos de los fallecidos.

Un filme tremendamente humanista

Winocour explora profundamente el sentimiento de culpa y el síndrome del superviviente. Lo hace con delicadeza y mirando a sus protagonistas con sus virtudes y sus defectos, ahondando más en el sentimiento de humanidad que transmite el film. De cómo se trunca una vida y cómo esta debe reconstituirse y cómo de fundamental resulta no solo hablar, sino expulsar cualquier pensamiento negativo y cómo esto se puede lograr de diversas maneras. La cineasta mira con respeto y cariño a sus personajes, remarcando también el sentido transversal del atentado, que afectó tanto a comensales del bistró como al servicio, con camareros y cocineros entre las víctimas, sacando a relucir cómo hasta para algo tan horrible como un acto terrorista, hay damnificados de primera y segunda categoría, en referencia a los inmigrantes en situación irregular que murieron en sus puestos de trabajo y cuyo reconocimiento como víctimas les llevó a un proceso burocrático.

Memorias de París

Aunque este viaje de sanación no hubiera llegado a buen puerto si no fuera por su actriz protagonista. Virginie Efira está inmensa. La intérprete belga ya demostró tener buena afinidad por papeles extremos, ejemplos recientes son 'Esperando a Míster Bojangles', 'Madeleine Collins' y, sobre todo, 'Benedetta'. Sin embargo, la actriz también tiene una vena dramática mundana y costumbrista que ha comenzado a explotar más, como bien demostró también en 'Los hijos de otros', que llegará el año que viene a salas españolas. Efira sabe transmitir ese espíritu sanador del film, con un papel carismático y emocional.

Al lado de Efira está Benoît Magimel en uno de sus papeles más emocionales desde 'De son vivant' y 'Lola'. Lo fascinante es que su papel es el de un hombre imperfecto, del que se intuye que no destacase por ser la virtud hecha varón, pero con buen fondo. Ese enfoque ensalza el carácter humanista de la cinta, que recuerda que las personas tienen sus propios claroscuros y que eso no cambia, a pesar de haber sufrido un atentado. Winocour sabe rendir tributo a las víctimas con un relato profundo, a través de una protagonista fascinante. Un nuevo éxito de la cineasta tras 'Próxima'.

Nota: 8

Lo mejor: El carisma de Virginie Efira y la profunda humanidad que transmite.

Lo peor: En su deseo de hacer de lo individual algo colectivo, se pierde un poco en algunas subtramas.

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