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CRÍTICA

Crítica de 'Rivales' de Luca Guadagnino: Menudo servicio

Luca Guadagnino ('Call Me by Your Name') firma una sensacional película deportiva que hace sudar tanto por su carga sensual como por sus trepidantes partidos de tenis. Zendaya es la MVP.

Pedro J. García
Por Pedro J. García Más 26 de Abril 2024 | 15:30
Redactor y crítico pop. Me apasiona la animación y veo series por encima de mis posibilidades.

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Cartel español de 'Rivales'
Cartel español de 'Rivales' (Warner Bros.)

A lo largo de la última década Luca Guadagnino ha demostrado ser uno de los directores más inquietos y personales de su generación. Ya sea narrando un embriagador amor de verano en la campiña italiana de los 80, una pesadilla satánica en el Berlín de posguerra o una road movie de caníbales adolescentes en la América profunda, el cineasta italiano ha sabido dejar siempre patente su identidad como autor, tomando vías muy distintas para explorar sus obsesiones con la misma idiosincrasia.

Con su nuevo largometraje, 'Rivales', Guadagnino se atreve con otro género, el cine deportivo, y lo hace suyo, aproximándose a él desde su particular perspectiva estética y narrativa para componer un triángulo amoroso lleno de pasión, tensión y rivalidad. Con un trío de ases en sus manos -Zendaya, Josh O'Connor y Mike Faist-, el director plantea un partido de emociones fuertes diseñado para hacer vibrar al público con cada giro y golpe de raqueta.

Mike Faist, Zendaya y Josh O'Connor

En sus más de dos horas de metraje da la sensación de que no hay nadie más en pantalla que no sean sus tres protagonistas. Es una película que se sostiene total y absolutamente sobre sus tensados hombros, donde todo gira a su alrededor y a la vez no existe nada más. Tashi Duncan (Zendaya) es una ambiciosa exestrella del tenis convertida en entrenadora de su marido, Art Donaldson (Faist), jugador en racha de derrotas que entra en un torneo challenger para recuperar la confianza. Allí le espera una sorpresa: su contrincante es Patrick Zweig (O'Connor), su antiguo mejor amigo y expareja de su actual esposa. Y buenos, digamos que partir de ahí, la cosa se caldea, en más de un sentido. Y mucho. *Instertar emojis de fuego y tres gotas*

Y también en más de una época, porque partiendo de esta premisa, la película, cuyo excelente guion original firma Justin Kuritzkes, va saltando entre pasado y presente como si fuera un partido de tenis y nosotros fuéramos la pelota que va de un extremo a otro de la cancha. Así fragmenta Guadagnino una historia edificada entre tiempos, explorando los efectos a largo plazo de las decisiones y el azar, y añadiendo con cada salto nuevas capas a los personajes y su complicada relación a tres bandas. El director propone así un fascinante juego en el que la perspectiva y la información es clave para sacar conclusiones sobre cada uno de ellos y sus motivaciones.

Mike Faist y Josh O'Connor

Qué bien se lo pasa Guadagnino lanzando bolas con efecto a sus protagonistas, tensando la frágil cuerda que los une y sacando su vena más deliciosamente cachonda. En 'Rivales' nos encontramos al director en su vertiente más juguetona y desvergonzada. Disfruta con los dobles sentidos (el uso constante del verbo 'beat'/'machacar', bravo), llena la pantalla de imágenes sugerentes sin ningún tipo de sutilidad, incluyendo varios símbolos fálicos con los que subraya el homoerotismo latente en toda la película (ese primer plano de O'Connor comiéndose un plátano mientras mira travieso a Faist; ese churro devorado por los dos en una de las escenas más divertidas del pasado), y carga el ambiente de una electricidad que hace que salten chispas de la pantalla.

El Guadagnino de siempre, pero diferente

En lo técnico, Guadagnino también anda más revoltoso que nunca. La sensualidad con la que filma los cuerpos -muy de cerca, con un erotismo casi insoportable y sin mostrar apenas nada explícitamente- emparenta indudablemente la película con sus anteriores trabajos. Como de costumbre, su poderío estético y visual es indudable y está hecho para la gran pantalla. Pero aquí, además, el director hace cosas con la cámara que no había hecho nunca. Más experimental y videoclipero en las escenas de acción sobre la cancha. Desplegando un dinamismo brutal, filma los partidos con brío y virtuosismo, probando diferentes técnicas y jugando con el punto de vista para crear una experiencia inmersiva y mostrarnos algo prácticamente inédito en el cine deportivo.

Los golpes se sienten en primera persona, las gotas de sudor nos salpican y después de algunas escenas necesitamos beber agua. Pero los partidos son algo más que un alarde técnico del director y físico por parte de los actores, absolutamente convincentes como profesionales del tenis. Está claro el paralelismo que Guadagnino traza constantemente entre esas escenas y los momentos más íntimos, el cortejo, la tensión sexual, la traición, los secretos, la manipulación. La pelota va de un lado a otro tanto en la cancha como fuera de ella. Un partido que se vuelve más cruel y perverso a medida que avanza la historia y conocemos mejor (o eso creemos) a Tashi, Art y Patrick.

Zendaya y Josh O'Connor

La invasiva y estruendosa banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross -musicote electrónico muy en la línea de su celebrado y oscarizado trabajo en 'La red social', pero incluso más machacona- se encarga de acentuar esos saltos de tensión creciente, irrumpiendo de repente para ponernos incluso más nerviosos. Es casi un cuarto protagonista. Puede incomodar, pero esa es la intención, subirnos las pulsaciones para que vivamos las discusiones mientras seguimos siendo la pelota que va de un lado a otro a gran velocidad, sacudida con la violencia del despecho, los celos, el deseo y la ambición. Qué divertido es ser esa pelota.

Porque quien espere un dramón de 'Rivales', se va a sorprender, ya que, sin restar importancia a sus momentos más serios, que son muy efectivos, Guadagnino potencia bastante la comedia, contrarrestando el drama -y el melodrama- con humor afilado y mucho descaro. Inteligente, autoconsciente y muy, muy sexy, la película persigue la complicidad del espectador, al que busca las cosquillas y calienta constantemente. Como a sus personajes. Así acaba regalando, una detrás de otra, escenas para el recuerdo y más de un momento instantáneamente icónico.

Juego, set y partido para Zendaya

En uno de esos momentos, Tashi se refiere a Art y Patrick como sus "pequeñines blancos", afirmando su control sobre ellos y sobre la narrativa. Ojo, no hay que menospreciar lo que hacen ellos: O'Connor está tremendo. Carismático, volátil, un canalla absolutamente irresistible. Faist es una presencia más tranquila y mesurada, pero va creciendo a lo largo del film, destapando poco a poco una interpretación muy precisa que se crece en los matices.

Zendaya

La amistad entre Art y Patrick vertebra la película y la química que hay entre Faist y O'Connor es el material que usa Guadagnino para dar rienda suelta a los sueños más húmedos. La película está llena de instantes de provocación, diálogos calientes y situaciones que casi da reparo ver rodeado de desconocidos. Son especialmente excitantes las escenas que transcurren el pasado, en la que la energía sexual entre los personajes es desbordante, como en ese primer encuentro entre los tres que desatará más de una risa nerviosa.

Pero está claro que aquí la MVP es Zendaya, que aquí acomete su primer papel protagonista en el cine. La actriz está absolutamente imparable. Tras demostrar su enorme talento en 'Euphoria' y 'Dune: Parte Dos', con 'Rivales' pone el adoquín definitivo en su camino hacia el estrellato interpretativo. Su personaje es sin duda el más complejo y menos complaciente, y ella sabe navegarlo con una firmeza ejemplar. Tashi está al mando y Zendaya también, bordando la tormenta de sentimientos que definen al personaje, su aplomo, su frialdad, pero también su vulnerabilidad, el miedo, la frustración. Hay pocas actrices de su generación que digan tanto con un gesto o un ceño fruncido.

"El tenis es una relación", y el cine también

Zendaya, O'Connor y Faist se entregan por completo y con total confianza a Guadagnino, poniendo su talento y sus cuerpos al servicio de su visión. El beneficio, por supuesto, es mutuo, ya que el director hace maravillas con ellos; pero un material así también es la oportunidad perfecta para lucirse como actor, siempre que se decida que merece la pena dejarse toda la piel -y los fluidos- en la cancha. Y los tres lo hacen, con estupendo resultado. Dentro de poco aparecerán en todas las listas de los mejores triángulos amorosos del cine reciente.

'Rivales' es una experiencia visceral con muchísimo ritmo. Elegante, eléctrica, sofisticadamente lasciva y también agotadora. Es cierto que en su recta final puede estirarse demasiado, dilatando el clímax en exceso con varios falsos finales. Pero no sería extraño que ese fuera exactamente el plan de Guadagnino, dejarnos exhaustos antes de darnos el golpe de gracia con un último juego trepidante y taquicárdico. Desde luego, si su intención era dejarnos sudando y con la lengua en el suelo, lo ha conseguido.

8
Lo mejor: El trío protagonista, especialmente Zendaya. Cómo está filmados los partidos. Lo sexy que es sin ser explícita. Su sentido de la comedia.
Lo peor: Que se estira demasiado en su recta final.
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Rivales 8,3 Rivales