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'Vivir deprisa, amar despacio': La mirada gay en tres generaciones

Miguel Ángel Pizarro Viernes 10 mayo 2019

Hacía tiempo que Christophe Honoré no abordaba la realidad LGBT en una de sus películas, la última vez fue en 2010 con la infame 'Hombre en el baño'. Con un espíritu más íntimo y personal, el cineasta muestra las tres caras de tres generaciones de hombres gais en los años 90, en la fabulosa 'Vivir deprisa, amar despacio', mostrada en la Selección Oficial del 71º Festival de Cannes y ganadora del premio al mejor actor en el Festival de Cine Europeo de Sevilla.

Vivir deprisa, amar despacio

Jacques está cerca de los 40 años, es escritor, vive en París y es seropositivo. Aunque los estragos del virus del sida aún no están repercutiendo de forma severa en su salud, el espectro de la muerte está muy presente en su día a día. Tiene el apoyo de su mejor amigo, Matthieu, un hombre de 55 años, que trabaja de periodista y vive en un piso más arriba de su apartamento. Su vida transcurre con normalidad hasta que, en un viaje a la Bretaña, conoce a Marc, un universitario veinteañero, lleno de vida y con ganas de comerse el mundo. El joven será un halo de luz en la vida sombría de Jacques.

Certera radiografía de una época no tan lejana en el tiempo

Honoré trae una historia ambientada en 1993. No es un año elegido al azar, como puede verse en las referencias cinematográficas que aparecen en la película, con homenaje a 'El piano' y 'Juego de lágrimas', así como también a la representación en el teatro de 'Orlando' con Isabelle Huppert. 1993 fue, precisamente, también el año de 'Philadelphia', con la que Hollywood reconocía a los derechos de la gente seropositiva. Sin duda, una época que Honoré, abiertamente homosexual, conoce muy bien, puesto que tenía 23 años en ese momento.

Vivir deprisa, amar despacio

De ahí, que 'Vivir deprisa, amar despacio' sea uno de sus trabajos más personales. El cineasta, que también firma el guion, rinde homenaje a su propia juventud a través del personaje de Vincent Lacoste, con una mirada puesta en la realidad de la época, que está representada con Pierre Deladonchamps, y la perspectiva que da el paso del tiempo, personificada con Denis Podalydès. Honoré muestra tres caras, tres generaciones de hombres gais, con la epidemia del sida como trasfondo, con la que lidiarán de forma muy distinta cada uno de ellos.

Con ese fondo tan íntimo y personal, Honoré muestra las diferentes facetas del amor. La relación intergeneracional de Jacques y Arthur sirve también de exponente para mostrar las diferentes perspectivas que da el paso del tiempo y las vivencias. Por un lado, el joven Arthur experimenta el primer amor, vive con ilusión y es consciente de la realidad relacionada con el VIH, al tomar precauciones siempre en sus relaciones sexuales, además de no tener prejuicios sobre el virus; por otro lado está Jacques, un hombre dolido, maduro, con varios caparazones, que tiene una mirada entre cínica y autocomplaciente. Ambos caracteres, tan diferentes entre sí, logran que la película tenga mayor profundidad de lo que aparente inicialmente.

Uno de los mejores trabajos de Christophe Honoré

Honoré, que ya abordó el tema del sida en la estupenda 'Siempre juntos (Todos contra Léo)', firma una película que combina magníficamente las ilusiones de la juventud con la amargura que da el paso tiempo. Evoca el espíritu de 'Primer verano' o de '120 pulsaciones por minuto', pero sin olvidar el proceso dramático de la época, recordando a 'Compañeros inseparables', 'Los amigos de Peter' o la ya citada 'Philadelphia'. Un filme maduro, dramático, realista y pragmático. Es lo que debería haber sido 'Call Me by Your Name' si no hubiese querido ser una almirabada e irreal historia de amor con imágenes idílicas en Italia.

Vivir deprisa, amar despacio

'Vivir deprisa, amar despacio' es un exponente muy interesante en lo referente a cine con temática LGBT, que sabe mostrar el pasado, el presente y el futuro de una realidad no tan lejana en el tiempo. Con tres actores espectaculares, Deladonchamps cambia al 'Desconocido del lago' por una historia más real, mientras que Lacoste vuelve a demostrar que es uno de los mejores actores de su generación; una ambientación fascinante, no es fácil en el cine actual lograr dar la sensación de estar en los 90 o los 2000, y un guion que sabe entremezclar las emociones de cada uno de sus personajes, es uno de los mejores trabajos de Christophe Honoré.

Nota: 8

Lo mejor: El discurso autocrítico que pronuncia Arthur durante la fiesta.

Lo peor: Es muy difícil empatizar con Jacques, el personaje de Pierre Deladonchamps.

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