CRÍTICA ECARTELERA

'28 años después: El templo de los huesos': Es mejor enfrentarse a un zombie que a un creyente

Tras el impactante final de '28 años después', la saga regresa con '28 años después: El templo de los huesos', una secuela sádica y perturbadora que se aleja del peligro de los infectados para centrarse en el horror del fanatismo y la perversión humana.

Por Luisa Nicolás Más 14 de Enero 2026 | 15:00
Estoy a dos entrevistas de convertirme en mejor amiga de Shyamalan.

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'28 años después: El templo de los huesos'
'28 años después: El templo de los huesos' (Sony Pictures)

Tras dejarnos en shock con el final de '28 años después', no teníamos ni idea de lo que nos podía esperar en 'El Templo de los Huesos' , esta vez con Nia DaCosta en la dirección y Alex Garland continuando en el guion. Lo que nos hemos encontrado ha sido una secuela sádica, no centrada en el peligro que suponen los infectados, sino enfocada en un terror muy real: el fanatismo y la perversión humana (básicamente volviendo a las raíces de '28 días después'). Es también mucho más convencional que la anterior, especialmente en su aspecto visual (y lo digo como un cumplido).

Tráiler español de '28 años después: El templo de los huesos'

Su arranque es toda una declaración de intenciones: “No se admiten niños más allá de este punto” reza un cartel, y lo que sigue es un escena de puro terror, perturbadora, tensa, incómoda y sangrienta. Así es ‘28 años después: El templo de los huesos’, un toma y daca entre la depravación y la esperanza, pero principalmente una penitencia despiadada para todos los personajes que la habitan. No es para estómagos sensibles, pero no tanto por la sangre, las cabezas arrancadas y los cuerpos despellejados, que no son pocos, sino por la atmósfera retorcida de tensión y malestar, de miedo y aprensión, que DaCosta logra construir con muchas menos piruetas audiovisuales y excesos técnicos de los que se inventó Danny Boyle.

El sonido y la música (de Hildur Guðnadóttir) contribuyen mucho a este sentimiento de turbación anticipada que nos acompaña toda la película, que tiene un par de scare jumps (de sustos de toda la vida), pero que aboga por un horror terrenal y lento, la muerte en ‘28 años después’ es el alivio final después de tremendos tormentos, pero no llegará fácilmente.

'28 años después: El Templo de los Huesos'
'28 años después: El Templo de los Huesos' (Sony Pictures)

Obligado a unirse a un grupo satánico que se mueve por el mundo torturando para alimentar el apetito de satán, responsable de la plaga de infectados que asola el mundo según su líder, Sir Jimmy Crystal (Jack O'Connell); Spike (Alfie Williams) se enfrenta a algo mucho peor que un ejército de comecerebros, tiene que sobrevivir a la religión.

‘28 años después: El templo de los huesos’ es la más violenta y fuerte de la saga, con una escena escalofriante de home invasion al estilo 'Perros de paja', 'Funny Games' o 'La naranja mecánica' que parece la referencia más evidente al menos de la inquietante pandilla de asesinos.

Por otro lado, el Dr. Ian Kelson (Ralph Fiennes) construye una extraña relación con el zombie Alfa que él mismo apodó Samson (Chi Lewis-Parry), encontrando un punto en común entre la población sana y la infectada: la búsqueda de la paz con uno mismo. En ‘El templo de los huesos’ empieza a florecer una semilla que se plantó en la anterior entrega, la idea de que la infección era mucho más compleja de lo que el cine de zombies nos ha enseñado de estos personajes y que los contagiados pueden desarrollar sociedades, conexiones e incluso familias y puede encontrarse a la persona detrás de la enfermedad.

Por suerte, e incluso con una escena de baile que roza lo disparatado, esa amistad que se forja entre Kelson y Samson no abusa de nuestra suspensión de la incredulidad como lo hacía la escena de la embarazada de ‘28 años después’. Nos ofrece momentos de introspección y calma en medio del violento delirio, ternura y descanso.

'28 años después: El Templo de los Huesos'
'28 años después: El Templo de los Huesos' (Sony Pictures)

Un clásico: la razón contra la fe

Ambos grupos están destinados a un enfrentamiento de dimensiones bíblicas, el bien (la ciencia, la razón y la empatía) contra el mal (el fanatismo, la falta de propósito y el narcisismo).

La religión se alimenta del miedo y en un mundo en el que el miedo es la única constante que conoces y lo que une a toda la gran bretaña en cuarentena, Jimmy Ink (Erin Kellyman) es una verdadera creyente en la causa satánica de Jimmy, porqué no iba a serlo, cómo puede una infección zombie no ser obra del mismísimo diablo. Garland no se limita a construir a un grupo de discípulos con el cerebro lavado, la Jimmy de Kellyman da con las costuras del discurso del profeta.

'28 años después: El Templo de los Huesos'
'28 años después: El Templo de los Huesos' (Sony Pictures)

O'Connell afianza su carrera como uno de los actores más capaces de interpretar a villanos psicópatas, a los más oscuros y aquellos con delirios de grandeza capaces de seducirte incluso cuando se acercan, sin tocarlas, a la parodia y el ridículo. El chándal y el pelo rubio de los Jimmys, así como su caridad, hacen referencia a Jimmy Savile, una figura excéntrica de la televisión británica, un filántropo que resultó ser un depredador sexual en serie de menores. Tener un referente así es una decisión arriesgada, tanto como tomarse en serio a los Teletubbies.

‘28 años después: El templo de los huesos’ es una crítica política (o social) quizá menos evidente que ‘28 años después’, pero no por sútil menos comprometida. Estamos destinados a unirnos a la torre de calaveras del Dr. Kelson, morir es inevitable, y probablemente no haya nadie para recibirnos al otro lado, ni arriba en los cielos ni abajo en los infiernos, solo queda y solo importa lo que haces con la vida que tienes, o a pesar de ella.

'28 años después: El Templo de los Huesos'
'28 años después: El Templo de los Huesos' (Sony Pictures)

El final abre la puerta a otra entrega -no es ningún secreto que Boyle quiere hacerla si esta funciona bien en taquilla y le da la financiación- y nos presenta el germen de lo que quiere contar: que todo el que olvida los errores está condenado a repetirlos.

7
Lo mejor: Sus historias se entrelazan con coherencia, significado y propósito.
Lo peor: Es demasiado sádica, cuesta digerirla.