El Nuevo Hollywood se fraguó en las suites en las que se hospedaba Warren Beatty. La estrella de Warner Brothers, que había debutado con la brillante 'Esplendor en la hierba', de Elia Kazan, a comienzos de los años sesenta, quería hacer temblar a un Hollywood anclado en las grandilocuentes producciones casposas con un proyecto arriesgado: 'Bonnie y Clyde'.

Basada en los hechos reales protagonizados por Bonnie Parker y Clyde Barrow durante la Gran Depresión, la ambigua película dirigida por Arthur Penn revolvió las entrañas de una industria demasiado acostumbrada a la homogeneidad. Tras arrodillarse ante Jack L. Warner (que estaba demasiado preocupado por finiquitar el musical 'Camelot' como para ensordecer por los ruegos de la estrellita de turno), Beatty consiguió que el magnate le diera luz verde y un escueto presupuesto para desarrollar el proyecto, que estaría protagonizado por él mismo y Faye Dunaway.
Tras hacerse un hueco en el calendario de estrenos de Warner, 'Bonnie y Clyde' se estrenó en verano de 1967. El film no recibió el mejor tratamiento por parte del estudio en el ámbito de la distribución, pero resurgió de sus cenizas gracias a las diez nominaciones a los Oscar que la consolidaron como fenómeno cultural. Pero la Academia todavía no estaba preparada para premiar a ese tipo de cine más transgresor, encabezado por 'El graduado' y la propia 'Bonnie y Clyde'. Con motivo de su 50º aniversario, Beatty y Dunaway tuvieron el honor (frustrado) de anunciar qué película se alzaba en la categoría reina de los últimos Oscar, y nosotros también queremos recordar la cinta que inició una nueva etapa en el corazón del cine estadounidense: