Aunque hayan pasado seis décadas desde su estreno, 'Duelo en la alta sierra', el inmenso clásico del maestro Sam Peckinpah, sigue siendo una experiencia cinematográfica repleta de emociones y recompensas para quien se acerque a ella en el presente. Desde su encantador prólogo, estamos ante un western que se ubica, sin ceder ningún espacio a la duda, entre los mejores de la historia del género.

Protagonizada por unos excelsos Randolph Scott y, sobre todo, Joel McCrea, esta historia de dos viejos amigos que unen fuerzas para escoltar un cargamento de oro desde las minas de Alta Sierra hasta un banco consigue hacerte sonreír y llorar con la grandeza única del mejor cine. Una propuesta en la que cada escena tiene un sentido y con la que Peckinpah firmó la que bien puede ser la obra más emocionante de su admirable filmografía. Y una de sus piezas realmente imprescindibles.

Aunque, si hablamos de cumbres, imposible no citar esos últimos minutos en los que, sin revelar nada de la trama, simplemente diremos que se produce una de las conversaciones más hermosas jamás escuchadas en un western. Un diálogo que se queda clavado en la memoria y que concluye con uno de los planos finales más deslumbrantes de todos los tiempos. Palabras grandilocuentes, sí, pero merecidas a la hora de celebrar el poder de este clásico imbatible llamado 'Duelo en la alta sierra'.