Todavía no había pasado una década desde su aparición en el panorama del cine de terror, y Freddy Krueger ya había empezado a dar ciertas muestras de agotamiento a causa de la repetición de una fórmula que ya parecía estar agotada.
Era 1984 cuando Wes Craven había presentado al mundo la primera 'Pesadilla en Elm Street', obra cumbre del horror surrealista que ayudó a encumbrar el slasher teen a la categoría de culto. Tras una segunda entrega, 'Pesadilla en Elm Street 2: La venganza de Freddy', que no había logrado las expectativas que muchos esperaban (pero que logró destacar por méritos propios), fue con 'Pesadilla en Elm Street 3, guerreros de los sueños' y 'Pesadilla en Elm Street 4: El amo del sueño' con las que Robert Englund acabó encarnando al personaje jocoso y símil de la comedia negra que hoy en día conocemos.

Renacer para morir
Tras la fallida 'Pesadilla en Elm Street 5' y después de que 'Las pesadillas de Freddy' llegasen a la pequeña pantalla, en 1991 se estrenaba 'Pesadilla final: La muerte de Freddy', título que como ya predecía en sí mismo, nos iba a traer el esperado final de uno de los grandes villanos del género.
Dirigida por Rachel Talalay y con guion de Michael De Luca (luego sería el responsable de 'En la boca del miedo'), la historia nos llevaba hasta el Springwood de 1999, diez años después de los eventos de la quinta entrega. Ahora, y queriendo volver a instaurar su reinado de terror, Freddy regresa tomando como avatar a un joven amnésico, quien será clave para encontrar a su propia hija, Katherine Krueger (Lisa Zane), desconocedora de su sangriento linaje y quien vive bajo la identidad de Maggie Burroughs.
A continuación, repasamos algunos de los detalles de la sexta entrega de una franquicia que sirvió para poner a Krueger en su lugar con el que se suponía iba a ser el último episodio de la saga.