La clave principal de 'Pi, fe en el caos' es que se trata de un debut. Porque, a pesar de que ya teníamos noticias de Darren Aronofsky gracias a su cortometraje 'Protozoa', aquí encontramos el primer largo de un cineasta que, desde la imagen de apertura, deja bien claros sus objetivos. Y, sorpresa, no hay ninguno que sea sencillo de conseguir. Todo en esta propuesta está pensado para llevar al espectador al límite, confundir sus ideas, estimular sus sensaciones, provocar incógnitas y desconcierto.

Para ello, Aronofsky cumple con todas las características de un primer golpe sobre la mesa, apabullando a base de ideas visuales y conceptos narrativos que convierten a este thriller extraño e hipnótico en toda una experiencia. Lástima que su ritmo decaiga de manera peligrosa en su tramo central hasta llegar, por fortuna, a un desenlace en el que la belleza oscura que ha marcado gran parte de la carrera del director hace su primera gran aparición.

Una obra compleja e hipnótica, capaz de imaginar, construir y asentar algunos de los pilares básicos que han terminado marcando la carrera de uno de los cineastas más arriesgados, originales, atrevidos e inspirados del Hollywood de los últimos años. Un primer viaje lleno de saltos al vacío, desconcierto y multitud de recompensas. Lo que viene siendo un debut soñado. Y de manera casi literal.