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UN RODAJE MUY LOCO

El yate de Errol Flynn y otras 9 curiosidades de 'La drama de Shanghai'

Con motivo de su 70 aniversario en España, repasamos las curiosidades más controvertidas de 'La dama de Shanghai', la película maldita de Orson Welles.

Por Mario Álvarez de Luna Costumero 1 de Octubre 2018 | 11:01

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Orson Welles estrenó 'La dama de Shanghái' como el resto de sus películas: con la sombra de 'Ciudadano Kane' proyectada desde 1941, amenazante. Aunque se sabía que Columbia Pictures había cortado el metraje tanto como había incrementado el presupuesto, la crítica acusó al guionista, director y protagonista de farragoso y descuidado. Muchos hicieron referencia al look que lucía Rita Hayworth (bajo petición coercitiva de Welles), con esa pelucla rubia platino, por encima del hombro, que la alejaba de la esencia dejada tras 'Gilda'. De hecho, fue una de las decisiones que más clara tuvo el maestro después de comentar con el productor Harry Cohn la posibilidad de darle a Hayworth, recién divorciada de Welles, el papel protagonista. Ambos protagonizaron la historia de Michael O'Hara y Elsa Bannister, dos personajes atormentados por su propia condición de extraños en el paraíso.

"Rita Hayworth"

Teniendo en cuenta que fue Cohn el responsable de que 'La dama de Shanghái' llegase a buen puerto enviándole 50.000 dólares para salvar su producción teatral, lo más lógico es que la relación entre productor y autor se estrechase hasta el punto de discutir el vestuario, las decisiones de guion y algún que otro alquiler controvertido. 'La dama de Shanghái', 70 años después de su estreno en España, está considerada como uno de los thrillers más morbosos, trágicos y ambiguos de la historia. Tan comentada es una de sus escenas finales (tiene que ver con un juego de espejos modélico y excepcional) como las continuas engañifas de su historia para descolocar al espectador. La intención de Welles, según declaró tras su estreno, era la de adaptar la novela 'If I Die Before I Wake' desde una perspectiva oscura y cambiante. El problema es que la cantidad de contratiempos que hubo durante su rodaje impidió que la película no fuese un atropello de sucesos con tantos agujeros como un Grùyere.

Un capitán de yate en un estado de embriaguez constante, los caprichos técnicos de Welles o el hecho de improvisar líneas de guion casi a diario y en el mismo set de rodaje, son algunas de las razones por las que 'La dama de Shanghái' nunca va a abandonar esa atmósfera de incertidumbre que la rodea. Quién sabe si el bueno de Welles lo hizo a propósito o si lo único que intentaba era elaborar un relato metaficcional, tan de moda y bien considerado entre crítica y público en los últimos años. Lo que sí sabemos son algunas de las curiosidades más raras de la producción y, lector, te las vamos a contar.

Curiosidades de 'La dama de Shanghai'

El incremento salarial que acabó con todo

El incremento salarial que acabó con todo

En un principio, las cifras que manejaba Welles eran de 50.000 dólares, si nos fiamos de la historieta que contó el director (vio la novela en una estantería del aeropuerto de Nueva York, llamó a Cohn para que comprase los derechos, le enviase tantos dólares y le diese la dirección). Pero ese dato es falso, ya que esa cantidad es la que Harry Cohn le prestó para pagar el vestuario de la producción teatral en la que estaba inmerso el maestro. De origen, Columbia Pictures puso alrededor de 150.000 dólares en la producción de la película. Sin embargo, la elección de Rita Hayworth como protagonista disparó la cifra hasta los 2,3 millones de dólares definitivos. Periodistas y documentalistas achacan al incremento de presupuesto para pagar el caché de Hayworth el batacazo de taquilla (recaudó 8.000 dólares).

La dama de Shanghai en eCartelera

El rodaje fue bastante más peligroso de lo esperado

El rodaje fue bastante más peligroso de lo esperado

Las escenas en las que Michael O'Hara capitanea el yate donde los Bannister pasan parte de sus vacaciones, se rodaron en México, al calor de 40 grados y un 80% de humedad. Uno de los operadores de cámara murió de un ataque al corazón agravado por las condiciones meteorológicas y varios integrantes de la miscelánea tuvieron que ser atendidos por los sanitarios con golpes fuertes de calor y desmayos diarios. Si la escena peligrosa era la de los espejos, no queremos ni pensar en cómo lo pasó el equipo de producción.

La dama de Shanghai en eCartelera

El yate y las borracheras de Errol Flynn

El yate y las borracheras de Errol Flynn

Welles le pidió a Errol Flynn que le prestase su yate para el rodaje. El eterno actor accedió con varias condiciones: nadie más que él capitanearía el Zaca, saldría en varias escenas y le pagarían 1.500 dólares al día por el alquiler. Columbia aceptó y ahí comenzó el show de Flynn. Desplantes en el rodaje, retrasos continuos por las borracheras de la noche anterior, olvidos a causa de las bacanales que se corría y un sinfín de anécdotas que contribuyeron al ya de por sí enrarecido ambiente y al incremento en los costes de la producción.

La dama de Shanghai en eCartelera

El salvador Harry Cohn

El salvador Harry Cohn

Harry Cohn, productor de Columbia Pictures, accedió a la propuesta de Welles después de que este le asegurase que el dinero que había invertido en su producción teatral sería recuperado con la producción de una película llamada 'La dama de Shanghái' que necesitaba ser protagonizada por alguien tan poco conocido como Rita Hayworth. El proyecto no iba a salir a flote por el carácter de Welles, inventor y manipulador por excelencia, pero Cohn vio una oportunidad de hacer de oro a los estudios de Columbia con una femme fatale como lo era Hayworth tras el notorio éxito de su 'Gilda'. Como demuestran las cifras 70 años después, nadie vio venir que contratar a la ex del guionista, director y protagonista, colocarle una peluca y darle más de la mitad del presupuesto no estaba siendo la mejor idea.

La dama de Shanghai en eCartelera

Un affaire con la pintura del set

Un affaire con la pintura del set

Nervioso por el retraso que llevaba la producción, Welles le pidió al por entonces ejecutivo de Columbia Pictures, Jack Fier, que anunciara a los encargados de la pintura que debían trabajar durante el fin de semana pintando algunos sets que iban a ser necesarios el lunes siguiente. Fier se negó a hacer tal cosa por lo que iba a suponer en términos de dinero, y Welles cogió la sartén por el mango. Junto a algunos de sus amigos, Welles pintó los sets durante ese fin de semana y, el domingo, dejó un cartel colgando en el que se podía leer: "La única cosa que debéis temer es al propio Fier". Los pintores, tras verlo a su llegada al set, demandaron a Fier por haberles dejado sin trabajo, ocuparon el set y amenazaron con declararse en huelga y realizar piquetes. Lo único que querían era que Fier les pagase el triple de lo que les iba a pagar por pintar los sets, a lo que Fier tuvo que acceder si no quería que el rodaje se retrasase aún más. Después de todo, los pintores dejaron un cartel en el que se leía: "Todo está bien, esto termina con Welles".

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El glamour de Rita Hayworth

El glamour de Rita Hayworth

Hayworth venía de triunfar con 'Gilda' y su caché se había disparado hasta cotas estratosféricas. Ya se había divorciado de Welles, pero a este le dio exactamente igual. Habló con Cohn y la contrataron aún a pesar de quedarse sin presupuesto para lo demás. El único problema que Welles tenía era que consideraba que el glamour de Hayworth debía tomar un nuevo camino que la separase del papel de Gilda. Así que, decidió plantarle una peluca por encima del hombro y convertirla en una suerte de buscona refinada con aires de femme fatale. El resultado fue que Hayworth siguió siendo Hayworth, cobró a final del rodaje y 'La dama de Shanghái' se hundió en la recaudación de taquilla. El glamour malinterpretado le salió caro al bueno de Orson.

La dama de Shanghai en eCartelera

La película fue un galimatías

La película fue un galimatías

No lo fue únicamente por haber recortado la mitad del metraje, sino también por la mala costumbre de Welles de improvisar nuevas líneas de guion a diario, confundiendo a intérpretes y al resto del equipo. De hecho, llegó al punto de confundir a propósito al resto del elenco para hacerles ver que la frase no era correcta y que, mejor, dijesen la que se le acaba de ocurrir. Esto no sólo lo hizo con los diálogos, sino con las propias decisiones de los personajes. La sensación es que Welles estaba boicoteando su propia producción, cosa que no era descabellada si entendemos la contratación de Hayworth como una venganza que ayudase a hundir su impoluta carrera profesional. Nadie comprendía los primeros minutos de la película, ni siquiera ella.

La dama de Shanghai en eCartelera

El sonido que enloqueció a Welles

El sonido que enloqueció a Welles

Lo que es innegable es la capacidad de Welles para innovar y encontrar nuevas formas de narrar una historia mediante el lenguaje cinematográfico. En una de sus búsquedas, el director increpó varias veces al operador de sonido porque este no era capaz de encontrar un sonido que se acercase a lo gutural para darle a las secuencias del final una pátina de tensión, oscuridad e inquietud. Esta deformación de las voces de Bannister y Grisby en la escena de los espejos fue motivo de frustración para Welles, pues aunque terminó consiguiendo lo que estaba buscando, el estudio de Columbia Pictures corrigió el sonido para no horrorizar a los espectadores.

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Un río infestado de cocodrilos

Un río infestado de cocodrilos

Genio de la imagen, a Welles se le ocurrió rodar en distintas tomas la secuencia del acuario para, después, retocarlo en post-producción. El objetivo del director era hacer que las criaturas marinas diesen una sensación de monstruosidad y peligro, algo que consiguió alargando y espesando la imagen en el montaje.

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Rita Hayworth, un arma de doble filo

Rita Hayworth, un arma de doble filo

Para agravar aún más la situación en el rodaje, Hayworth enfermó gravemente, por lo que Welles tuvo que parar la producción durante un mes. Ello, inevitablemente, incrementó los costes de la película y, junto a las malas decisiones del director con respecto a la imagen y el personaje de la actriz, confirmó que el estatus de Hayworth no ayudó demasiado a la buena praxis de un proyecto que transmutó en pozo económico sin fondo.

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