Hablar de Tom Hanks es hablar de historia del cine, sí, pero también de historia de tu vida, de la mía, de la de todos. Porque, seamos más o menos admiradores de su trabajo, estamos ante uno de los actores más importantes de las últimas tres décadas, un tipo que ha protagonizado más de una docena de clásicos que son parte esencial de nuestra memoria cinéfila. Por poner algunos ejemplos, los más contundentes: 'Algo para recordar', 'Forrest Gump', 'Philadelphia', 'Apolo XIII', 'Salvar al soldado Ryan' o 'Náufrago'. Y nos quedamos con un buen puñado más de increíbles demostraciones de talento que, sumado a un carisma indiscutible y a un magnetismo envidiable, le convirtieron en el actor favorito de medio mundo. Porque decir de todo sería una exageración, ¿no?
Las claves para entender un éxito semejante, a años luz del conseguido por la mayoría de sus compañeros de generación, las podemos resumir en una de las muchas virtudes con las que cuenta Hanks. Es imposible no estar de su lado. Más allá de que no creértelo es una misión completamente imposible, interprete el papel que interprete, sucede un fenómeno que hace que, ocurra lo que ocurra en la trama, e incluso cuando los comportamientos de sus personajes son, cuanto menos, discutibles, tú vas a ir al cien por cien de su brazo. Hanks cuenta contigo. Y tú cuentas con Hanks. No puedes permitirte fallar a alguien así.

Por eso, y aunque en los últimos años ha bajado considerablemente su suerte en taquilla, debido principalmente a alguna que otra elección difícil de entender, siempre es un auténtico placer volver a profundizar en la vida y trayectoria de Tom Hanks. Un actor que, a estas altura de la película, la suya y la nuestra, no necesita demostrara nada a nadie. Aunque siga intentando hacerlo. Es su compromiso con su carrera, con su talento, y por encima de todo, con los espectadores que seguimos acompañándole en esta fase de su camino. Y lo que le/nos queda.