Escribir sobre 'Del revés (Inside Out)' es tan complicado como hacerlo sobre los sentimientos y el lado más profundo del alcance emocional que puede conseguir el arte. Puede sonar complejo. Y lo es. Así que empecemos por los culpables de, adiós frases muertas, una de las mejores películas de animación de la historia del cine. Puede sonar exagerado. Y no lo es.
Instalada en la excelencia, pese a algunos baches que se pueden contar con la mitad de los dedos de una mano, la factoría de obras maestras animadas más contundente de las últimas décadas se lanzaba, con el maravilloso Pete Docter al frente, hacia el más difícil todavía hablando de los cambios emocionales que sufre el ser humano cuando da el salto de la infancia a la pubertad. Puede sonar ambicioso. Y, viendo el resultado final, parece lo más sencillo del mundo. Y es que, una vez más, Pixar volvió a colocar el listón a la altura del infinito (y más allá) y, de paso, construyeron la reflexión más bonita, divertida, tierna, ingeniosa y, claro, emocionante, sobre esa locura que es crecer jamás viste en la gran pantalla.

De esta forma, 'Del revés (Inside Out)' terminaba siendo, primero, una de las cimas más evidentes de Pixar hasta la fecha y, por otro, una de las películas de animación más humanas de la historia. Un trabajo incapaz de envejecer, un logro que, dentro de veinte, treinta o cien años, se seguirá disfrutando y provocando aplausos como el primer día, continuará emocionando generación tras generación y seguirá contando como nadie ha hecho hasta ahora la importancia de la melancolía en nuestras vidas. Pixar siempre ha sido única a la hora de mezclar la sonrisa y la lágrima. Y aquí nos contaron, desde dentro, la manera en la que se consigue este equilibrio perfecto. Un conmovedor clásico contemporáneo.