Palabras mayores. Si hablamos de cine de acción alejado de historias de superhéroes, la saga de Jason Bourne es, de manera prácticamente indiscutible, una de las cimas que ha alcanzado el género en estos últimos años. De acuerdo, sus dos últimas entregas puede que no estén a la altura, aunque ambas cuentan con grandes momentos, pero las primeras tres películas con las que descubrimos a este personaje icónico son, sencillamente, imprescindibles.
En el caso que nos ocupa, 'El caso Bourne', hablamos de un primer largometraje modélico en su esencia de presentación de personaje e intriga, sin olvidar, por supuesto, su condición de espectáculo vibrante y trepidante de primera categoría. Dirigida por Doug Liman y protagonizada por un brillante Matt Damon, quien estaba acompañado por un reparto de secundarios de quitarse el sombrero, la película era (y sigue siendo) un entretenimiento infalible.

Sin embargo, lo mejor estaba por llegar. Tanto 'El mito de Bourne' como 'El ultimátum de Bourne', gracias especialmente al talento de Paul Greengrass, superaron con creces una primera entrega que, de todos modos, conviene seguir celebrando como el magnífico thriller que nos ayudó a entrar en una saga cinematográfica inoxidable.