A pesar de que el tiempo ha ido generando una (sorprendente) corriente de opiniones negativas hacia él, aquellos que defendemos el talento de Hugh Grant como uno de los más notables surgidos en Inglaterra durante las últimas décadas andamos sobrados de argumentos para mantenernos firmes en nuestra contundente opinión. Y cuando decimos argumentos, claro, queremos decir películas. De hecho, el número de ejemplos es tan amplio que se hace inevitable acudir al párrafo siguiente para obtener el espacio más necesario y justo.
Lo prometido es deuda. Ahí vamos: 'Lunas de hiel'; 'Lo que queda del día'; 'Cuatro bodas y un funeral'; 'El inglés que subió una colina pero bajó una montaña'; 'Sentido y sensibilidad'; 'Notting Hill'; 'El diario de Bridget Jones'; 'Granujas de medio pelo'; 'Un niño grande'; 'Love Actually'; 'Paddington 2'. Y se nos quedan otro buen montón fuera. Es lo que tiene contar con una trayectoria tan sólida como estimulante, mucho más imprevisible y variada de lo que pueda parecer y arriesgada en unos niveles dignos de celebración.

Y es que, por más que la comedia romántica parezca la evidente zona de confort del actor, Grant ha demostrado su innegable capacidad para sumergirse en cualquier tipo de género, aportando casi siempre una interpretación fluida, destacada y característica. Por eso, y a pesar de haber protagonizado el suficiente número de polémicas como para haber puesto punto final a su trayectoria, el británico continúa recorriendo un camino profesional repleto de nuevos retos, proyectos desafiantes en los que tendrá la oportunidad de seguir demostrando que, pase el tiempo que pase, sigue siendo un valor de disfrute asegurado para los espectadores. Si Hugh Grant aparece en pantalla, nos quedamos.