Cuando hablamos de Christopher Nolan podemos usar todos los adjetivos menos rutinario. Ninguna de sus películas está acomodada en lo predecible, ninguna juega con elementos perezosos y todas se esfuerzan por aportar algo diferente, desafiante y, al mismo tiempo, cien por cien comercial. En definitiva, traer al mayor número de espectadores posibles a una sala de cine para ofrecerles el mayor espectáculo posible incluso con el menor número de armas. Porque, sí, aunque parezca imposible de creer a día de hoy, existió un día en el que Nolan no manejaba gigantes.
En sus primeros trabajos, nos encontrábamos con un director capaz de tejer telarañas en forma de argumentos de cine negro que mezclaban el ayer y el hoy sin apenas esfuerzo. Cada una de ellas tenía un valor diferente que las situaba en distintas posiciones dentro de un mismo círculo. Por eso, cuando se estrenó 'Insomnio', remake de una cinta noruega del mismo nombre pero menor nivel artístico, muchos nos quedamos algo fríos.

De acuerdo, nada desentona en un thriller con una atmósfera arrebatadora y un sobresaliente dúo protagonista formado por Al Pacino y Robin Williams, pero Nolan va por el camino fácil y no aporta más que una factura visual más solemne a su material de origen y ligeros cambios argumentales. Más allá de eso, lo que queda es una película entretenida, un misterio bien mantenido y un clímax final especialmente memorable. Ni más ni muchísimo menos.