Tratar de definir a Macaulay Culkin se antoja una misión tan imposible como atrevida. Ex niño prodigio convertido en estrella amada por crítica, industria y público gracias a las dos estupendas primeras entregas de 'Solo en casa', Culkin fue transformando su carrera en una constante fuente de imprevistos, giros inesperados, errores profesionales, abrazos con lo ridículo y enamoramiento hacia el absurdo. Nunca daba los pasos que uno esperaba de él y, al mismo tiempo, se le veía plenamente convencido de que el asalto al harakiri profesional tenia todo el sentido del mundo.
Por eso, y perdida toda la esperanza de ver un regreso por la puerta grande de esos que Hollywood celebra con borrachera juvenil y ovaciones cerradas, lo que nos queda es el aplauso de encontrarnos, actualmente, ante un Culkin que, al menos en apariencia, parece haber recobrado algo de cordura y, sobre todo, sentido del humor. La lengua viperina y la actitud impredecible siguen ahí, incluso podríamos decir que más fuertes que nunca, pero el rostro se ha calmado, la confianza se ha elevado y la naturalidad para hablar de la ambición y el fracaso parecen haber llegado para quedarse.

A lo largo de este especial, nos acercamos ante la figura de Macaulay Culkin dispuestos a encontrarnos ante cualquier cosa, conscientes de que la sorpresa se esconde detrás de cada esquina de un universo creativo y mediático siempre al filo de casi todo.